31'  -  EL MERIDIANO MÁGICO DE LAS ARDENAS       


11. DURBUY. Las fuerzas de la Tierra



Unos cuantos kilómetros aguas abajo de La Roche, el río Ourthe te lleva hasta Durbuy, que ostenta el curioso título de la ciudad más pequeña del mundo. Durbuy es un lugar que por si solo merece la visita. Pero para ti va a tener un valor muy especial. Ésta es la última parada antes de llegar al final de tu camino. Y aquí vas a encontrar la llave que te va a abrir esa puerta.

Durbuy es un conjunto urbano de piedras grises y tejados de pizarra que ha conservado su fisonomía desde hace más de 300 años. Como le ocurre a La Roche, respira un inequívoco aire de montaña... aunque sus elevaciones tampoco serían dignas de ese nombre en cualquier otro lugar. La sensación es aquí incluso más intensa. Tal vez porque la ciudad se haya literalmente pegada a la roca.

La vista más representativa de la ciudad es su castillo junto al río. Una construcción, como buena parte de la ciudad que ves, del siglo XVIII. No puedes visitarlo por dentro porque sigue siendo propiedad de la misma familia que lo levantó... y que continúa habitando en él. No obstante, y como ya conoces bien por otros lugares, el espectáculo de la vista desde el río justifica con creces su presencia.

 
Aunque hoy parezca un lugar perdido entre los bosques, en realidad durante la Edad Media Durbuy fue un activo lugar de frontera, la frontera del ducado de Luxemburgo. 

Y, al igual que La Roche, fue un lugar fortificado. Fue entonces, en 1331, cuando obtuvo el título de ciudad... que siempre ha conservado... a pesar de su tamaño...


Íntima y cosmopolita

Durbuy es a la vez íntima y cosmopolita. Calles estrechas, casas de piedra o ladrillo... hoteles, restaurantes, tiendas "con encanto"...

Entre unas cosas y otras, ejerce una  
irresistible atracción sobre los vecinos holandeses, que la frecuentan a lo largo del año. De ahí que la oferta en hostelería sea espectacular... y hasta "chic". 

Su construcción más antigua es la Halle au Blé (la Casa del Trigo), también llamada La Maison Espagnole (La Casa Española). 

En la Edad Media servía de mercado, palacio de justicia, oficinas administrativas y casa comunal. Con su fachada de adobe y madera y su color rojo, se distingue claramente de las demás construcciones de la "ciudad".

En Durbuy, el centro de la vida está en el antiguo campo de la feria, donde se concentra la mayor oferta de hoteles y restaurantes de esta pequeña ciudad. 

En realidad se trata del antiguo lecho del río. Hasta el siglo XVIII el Ourthe se abría en dos brazos y rodeaba la ciudad, hasta convertirla en una isla. 

Cuando tuvo que crecer un poco, se decidió cortar el brazo que rodeaba la ciudad por su derecha, y así surgió este espacio entre las casas y la roca por donde durante milenios había transcurrido el río.







El gran anticlinal

No tengas prisa en recorrer las calles... aunque tampoco tardarás mucho en hacerlo... Cuando hayas terminado, sigue el imaginario curso de este antiguo brazo del río aguas abajo y llegarás al lugar que en definitiva te ha traído hasta aquí: el "gran anticlinal".

Un anticlinal es un plegamiento de la corteza terrestre en el que podemos ver las distintas capas que lo forman, como si hiciésemos un corte transversal.

El de Durbuy es, digamos, de escala humana. Suficientementer grande para apreciar su grandiosidad pero a la vez lo suficientemente pequeño para verlo de un solo golpe de vista.




No es el anticlinal más pequeño del mundo... pero tiene la escala absolutamente ideal para la "ciudad" en la que está. Es como si un gigante hubiese cortado con un enorme cuchillo esa montaña para mostrarnos su más preciado secreto. Las fuerzas de la Tierra...

Esas capas de roca que ves eran hace 400 millones de años el lecho horizontal del mar. En este mismo sitio en el que estás. Los grandes dinosaurios aún no habían aparecido y los continentes tal como los conocemos hoy aún no se habían separado.

Fue entonces cuando se produjo el gran cataclismo. Unas enormes fuerzas empezaron a plegar las rocas y, del fondo del mar surgieron las montañas.

Luego, millones de años de erosión se las fueron comiendo. Si te fijas, las capas que están en la parte central podemos verlas completas, mientras que según vas mirando hacia los extremos ves como quedan cortadas por arriba. Es la parte de la montaña que se fueron comiendo los elementos... El ciclo de la vida...





Luego vino el río que durante miles de años fue pasando al pie de esta montaña y la fue desgastando hasta dejarla cortada a pico para que podamos ver esa historia.

Más tarde, como sabes, los hombres cerraron ese brazo del río, y la historia de alguna forma quedó detenida. Hoy, desde la otra orilla del Ourthe puedes ver el enorme muro protector que se levantó para cerrar lo que durante miles de años fue el lugar donde aquel brazo del río volvía a unirse con la corriente principal.


El secreto de estos bosques

El anticlinal fue descrito en 1807 por Jean-Baptiste d'Omalius d'Halloy en Le Journal des Mines. Allí descubría que forma parte del gran plegamiento que formó la región de Las Ardenas. 

Éste es el secreto que vive en el interior de las suaves colinas que has estado recorriendo a lo largo de todo tu viaje. Las montañas de Las Ardenas fueron en realidad un macizo montañoso. Alto, escarpado. Tal vez por eso, el ambiente de montaña que hoy todavía se sigue respirando en estos valles tenga ese punto de verdad. 

Un "secreto" que te lleva, por fin, al verdadero comienzo de esta historia. A este mismo lugar hace 400 millones de años. Un plácido mar de cuyas profundidades las fuerzas de la Tierra iban a hacer surgir montañas y valles. Unas montañas y unos valles a los que luego, millones de años de erosión iban a acabar convirtiendo en un paisaje ondulado y fertil... que iba a ejercer una poderosa atención sobre unos seres muy particulares.

Hace 5.000 años, unos grupos humanos que estaban creando eso que hemos llamado "civilización" descubrieron estas tierras y decidieron asentarse en ellas.

Jean-Baptiste d'Omalius mencionó también en su estudio que estas montañas y estos valles tienen una orientación constante Suroeste-Nordeste, de algo más de 30 grados en relación con el meridiano terrestre... Para aquellos seres humanos esto fue determinante.

Ahora sí, llegas a la última etapa de tu viaje.


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