GUÍA DE SEGOVIA 


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7  Un delicioso paréntesis



Llegados a la mitad de la historia, y después de tantos ardores medievales, llega el momento de hacer un paréntesis. Un paréntesis por un delicioso secreto de Segovia: el Paseo del Salón de Isabel II. Un auténtico paseo ilustrado donde sorprender una cara diferente de esta asombrosa ciudad.

El Paseo del Salón es uno de esos espacios creados para ver y para ser visto. Un lugar para el paseo elegante. Un sitio  los siglos XVIII y XIX que huele a caballeros con levita y a damas con amplios vestidos y primorosas sombrillas... Un paseo elegante, pero eso sí, recogido y discreto. 

Se construyó en una pequeña explanada adosada a la muralla por su lado exterior. Para acceder a él hay que salir por tanto de la ciudad amurallada. Y para darle ya desde el principio su punto de encanto, eso se hace a través de dos pequeñas puertas: la Puerta del Sol y la Puerta de la Luna.

Vas a entrar por la Puerta de la Luna. El paseo tiene dos caras. De un lado, la muralla, y del otro, enfrente, las afueras de la ciudad. Una vez más el exterior. Montañas, cerros, un pequeño bosque de pinos... Es un paseo que está dentro y fuera de la ciudad al mismo tiempo. Una sensación conocida, pero también distinta.


El lado interior del paseo se pega a la muralla, con los edificios literalmente adosados a ella... incluso fundidos... Son de distintas épocas, pero el conjunto tiene una gracia peculiar... difícil de clasificar. Incluso en algunos lugares con un marcado carácter mediterráneo. Trata de encontrarlo.

Déjate engatusar por este lugar. Recórrelo sin prisa y, si el tiempo lo permite, haz un alto en él... Aquí no hay historias que vivir... ni tampoco hacen falta... Es un sitio para ver pero sobre todo es un sitio en el que estar. Casi tienes la sensación de que este pequeño universo es como una burbuja que no necesita que haya nada fuera de él.


La muralla...

Apura el paseo hasta el final. Verás el segundo portillo de la muralla. Es la Puerta del Sol. El paseo acaba justo aquí. No hay más. No hace falta más.

La explanada da paso a una calle empinada cuesta abajo. Recórrela unos pasos, simplemente para ver cómo la muralla crece al ritmo que lo hace el desnivel y como en su parte más alta quedan como colgadas unas modestas casas. 

Desde aquí, la creciente muralla con sus casas fundidas parecen como unos extraños rascacielos que no tuvieran nada en sus pisos inferiores. Son las casas de La Judería. Si siguieras el camino, harías un recorrido interesante al pie de la muralla. Pero si no quieres alejarte demasiado no lo hagas porque dentro de poco te encontrarás en el otro extremo de este camino. Ahora, pues, da media vuelta, de regreso a la Puerta del Sol. 


Detrás de ella, como agazapada, está La Judería. Estás a punto de entrar en ella, pero no lo vas a hacer por esta puerta. Aguarda un momento. Ahora acércate. Justo a su derecha verás los muros de un edificio con unas ventanas con celosías de madera. Es lo que en la Edad Media fue la Sinagoga Mayor de Segovia. No es momento de hablar de ella, pero está a punto de serlo. Ahora obsérvala porque ésta es su mejor vista.

Cuando termines, recorre por última vez el Paseo del Salón en dirección a la Puerta de la Luna por la que entraste.  Debes volver a la Calle Real, a la Plaza de Medina del Campo... o de Juan Bravo... para retomar el curso de la historia... Pero hazlo sin prisa. Apura el momento, porque estás a punto de cerrar el paréntesis y retornar a tiempos medievales. 

Cuando estés listo, ahora sí, llega el momento de que esta historia se ocupe de los judíos.



Continúa:  LLAVE 8.  El laberinto de las ausencias 

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