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¿Por qué en Flandes los campanarios más importantes no son los de las iglesias?

publicado a la‎(s)‎ 23 ene. 2015 1:23 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 23 ene. 2015 2:34 ]
Es una de las cosas que primero llaman la atención cuando se recorre Flandes. Esos campanarios espectaculares, que no están junto a una iglesia como ocurre en casi toda Europa, sino que forman parte del edificio del Ayuntamiento o, incluso más a menudo, del mercado. La cosa tiene una explicación práctica, pero sobre todo simbólica. Una historia de riqueza, de derechos... y de poder.


En la Edad Media las ciudades flamencas estaban entre las más ricas de Europa. Y su riqueza venía del comercio de los paños. Los famosísimos paños de Flandes, unas telas y vestimentas que eran las más lujosas y apreciadas de toda Europa. 

Gracias a esa riqueza, los comerciantes y artesanos habían conseguido un importante grado de autonomía respecto a nobles y reyes. Y cuando los condes de Flandes otorgaban a una ciudad determinados privilegios les daban el derecho a levantar una torre y colocar en ella una campana. Se trataba de que pudieran defenderse, de vigilar si había fuego, de avisar a los vecinos en caso de cualquier incidencia y, en definitiva, de regular el ritmo de la ciudad.

Tener una torre significaba que se tenían unos derechos. Por eso, además de ser útil, tenía que ser alta, robusta y bella. Era el símbolo y el orgullo de la ciudad.


El Belfort de Brujas

En la imagen ves la torre de Brujas, el Belfort. Una torre que está ahí desde la Edad Media. Y, como no podía ser de otra forma, habiendo sido tan importante como fue, es un edificio lleno de historias...

Bueno... en realidad dos edificios... porque lo que estás viendo son dos construcciones independientes... Muy relacionadas, pero independientes. Dos construcciones bastante diferentes entre sí, pero que acaban formando un conjunto fascinante.

Una es la propia torre y la otra, el edificio de ladrillos rojos y tejado puntiagudo de pizarra que está en la parte inferior. Si vuelves a mirar la foto los distinguirás rápidamente.

El edificio de ladrillo es también de la Edad Media y podríamos decir que es la base que permite que exista la torre. Y no sólo en desde el punto de vista arquitectónico. Era el Mercado de los Paños. Ahí dentro se realizaba el comercio de aquello que había convertido a Brujas en una de las ciudades más ricas y refinadas de Europa. La base de toda su riqueza y poder.

De ahí que exista esa curiosa simbiosis entre ambos edificios: el que había generado su riqueza (y a partir de ella, sus privilegios) y el que garantizaba la defensa de esa posición (y de paso la pregonaba a los cuatro vientos). 

En Brujas, el palacio de los condes tenía su torre, la catedral tenia la suya, pero por encima de todas ellas estaba ésta, la torre de la ciudad.


Mucho más que una simple torre

La torre acabó siendo además el lugar más seguro para guardar los documentos en los que se recogían los privilegios que se habían otorgado a la ciudad. Y de hecho, si hoy subes los 400 escalones que llevan hasta lo más alto de la torre, por el camino todavía podrás ver unos nichos abiertos en la piedra con unos enormes cofres que solían estar atados con cadenas al suelo... Así guardaban su mayor tesoro...

Estas torres fueron además organismos vivos que vivieron en primera persona los éxitos y las desgracias de estas ciudades. El Belfort de Brujas no fue una excepción. En sus orígenes era algo mas bajo de lo que ves hoy. Mira la foto. Eran los dos cuerpos inferiores, los que tienen base cuadrada. Pero hubo un momento, en la propia Edad Media, en que decidieron hacerlo más alto y monumental. 

Ocurrió allá por los años 1470. Era una época convulsa, con los habitantes de Brujas soliviantados con el conde de Flandes, que quería atar en corto las libertades que tenía la ciudad. En pleno enfrentamiento, los ciudadanos decidieron hacer más alta su torre. Añadieron el "último piso", el del reloj, el que es más estrecho y tiene base octogonal. Incluso sobre él levantaron un tejado puntiagudo para hacerlo más monumental (...que un rayo se encargó de echar por tierra poco después...). En cualquier caso, toda una declaración de principios. Y de hecho a sus pies juzgaron y ejecutaron al hombre de confianza del conde.

Fue, eso sí, su última demostración de fuerza. El conde organizó un ejército y acabó tomando cumplida venganza. Brujas nunca más volvió a ser la misma. Aquel conde era Maximiliano de Austria, conde de Flandes (en nombre de su hijo, Felipe "el Hermoso")... y monarca de otros muchos territorios... Y es que la Edad Media tocaba a su fin...

El Belfort, sin embargo, permaneció en pie... Y ahí sigue, como testigo de ese mundo de esplendor... y fascinación de los que hoy volvemos a pisar esa plaza.