LA GUÍA DE GANTE. 14


Un castillo que vino de Las Cruzadas



Los tranquilos canales que rodean el castillo vivieron historias muy intensas hace 1.200 años. 

Era el gran siglo mítico de los Vikingos. Por estas aguas que tienes delante entraron varias veces desde el mar y devastaron cuanto encontraron a su paso. 








En el mismo sitio en el que hoy está el castillo había una fortaleza, pero estaba hecha de madera y no pudo detener a los temidos invasores. 

Estas incursiones dejaron una profunda huella en la ciudad. La fortaleza se reconstruyó y se amplió varias veces, pero aún tardó casi 300 años en convertirse en un verdadero castillo de piedra, el que tienes delante. Fue en 1180 y lo ordenó levantar el conde de Flandes. Se llamaba Felipe de Alsacia. Apúntatelo porque es un nombre que no vas a olvidar.



Un castillo muy guerrero

Para entonces Gante ya se había hecho un nombre en el comercio de los paños y se estaba convirtiendo en una próspera ciudad. Estaba a punto de empezar la historia que has estado viviendo.

Pero Felipe en el fondo era un hombre de otro tiempo. Era el prototipo del noble guerrero, ambicioso, intrigante, batallador y un tanto romántico. 

Con el dinero que había obtenido gracias a los impuestos se marchó a las Cruzadas

Allí dio rienda suelta a su carácter, y a su vuelta lo primero que hizo fue levantar un castillo a imitación de los que había visto durante su viaje. 

Por eso este castillo parece como transportado desde esa tierra mítica. Tan robusto y tan guerrero... en medio de la ciudad...

Era una pequeña ciudad, con su torre central (de 30 metros de alto), la residencia del conde y unas murallas perfectamente fortificadas.

¡Qué extraño debía de sonar incluso entonces! ¿Dónde estaban aquí los enemigos para semejantes alardes? Sin duda, podía haber enemigos exteriores, pero los habitantes de Gante siempre pensaron que el castillo lo que realmente hacía era vigilar la ciudad, y siempre sintieron sobre ellos la sombría amenaza de estos muros.


Vive su espíritu

Acércate a la puerta principal. Como en las Cruzadas, está defendida por dos torres y debajo, un pasadizo fortificado (que es por donde vas a entrar al castillo). Fíjate en la pequeña ventana que hay sobre la puerta, con forma de cruz, igual que se hacía en los castillos de los cruzados. Luego entrarás a esa sala. Seguro que la identificas.
   

Aunque no queda nada de su mobiliario, cuando lo visitas puedes sentir cómo era la vida dentro. El salón de las fiestas, las habitaciones del conde y de la condesa, la sala de audiencias, la capilla que luego fue prisión (justo la sala con la ventana en forma de cruz)... 

Sube a lo más alto de la torre y te darás cuenta cómo desde aquí se controlaba toda la ciudad. Juega a recorrer con la mirada los sitios en los que has estado: los muelles (perfectamente vigilados desde aquí), la iglesia de San Nicolás (fíjate en la diferencia de altura de sus dos naves), el Belfort (oye desde aquí su "provocativa" campana Roeland), el Ayuntamiento (a ver si encuentras su fachada gótica debajo de un tejado enorme), la catedral (compara la altura de sus naves con las de San Nicolás), la iglesia de Santiago (mira sus tejados puntiagudos; tanto la catedral como San Nicolás estuvieron coronadas en su día por uno como el que hoy tiene todavía esta iglesia)...

 
 


El castillo ha sido restaurado, pero su espíritu es tan fuerte que todavía se respira. En su interior verás armas e instrumentos de tortura. Una construcción ruda, con poco sitio para los lujos. Un mundo en sí mismo.


De nuevo a las Cruzadas

Como para reforzar su leyenda, Felipe de Alsacia se fue de nuevo a las Cruzadas, esta vez junto con Ricardo Corazón de León. Ninguno de los dos regresaría vivo. Felipe murió en Palestina pocos meses después se partir a consecuencia de la peste.

Su cuerpo fue traído a Europa y fue enterrado en la abadía de Clarvaal, en Francia, un lugar muy relacionado con las Cruzadas. Allí se acababa de fundar la orden del Císter, y su abad había redactado los estatutos de la orden de los Templarios. ¡Qué mejor lugar para reposar para siempre! En el corazón de su mundo... lejos de la bulliciosa ciudad...


Después de su muerte, los condes de Flandes aún se alojaron en este castillo durante 200 años, pero acabó siendo demasiado austero y al final se trasladaron al cercano palacio Princehof, más amplio, con jardines; más cortesano y menos guerrero. Más de su tiempo.


Hoy, curiosamente, no existe. 

Fue precisamente en ese otro palacio donde en el año 1500 nació Carlos V. Pero el viejo Gravensteen no se derribó. Y ha conseguido sobrevivirle.


El castillo se uso como tribunal y como cárcel, y a aquí volvió un día el emperador. Fue aquí donde se instaló y desde donde dirigió la represión de 1540, la de la soga al cuello... Por un último momento el castillo recuperó su antiguo espíritu.


Hoy en su interior muchas de sus salas están vacías. Desde sus almenas se dominan los puntos claves de la ciudad. Recorre sus salas y sus corredores, sus escaleras, sus patios y sus almenas. Revive aquellos tiempos míticos... aunque tal vez convenga que antes de salir leas el capítulo siguiente porque entre estas piedras hay mucha más magia.



Mapa del recorrido








Mapa de Gante 14

La entrada al Castillo

Como ya sabes, la entrada al Castillo de los Condes de Flandes está en la propia plaza Sint-Veerleplein.

Está abierto entre las 10 y las 16 horas (el acceso cierra media hora antes). Cierra los días 24, 25 y 26 de diciembre y 1 de enero.

El precio base es de 8 euros (gratis para los menores de 19 años y descuentos para jóvenes de 19 a 26 años y para mayores de 55).



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