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Gante. Los espléndidos 800 años del Castillo de los Condes de Flandes

publicado a la‎(s)‎ 29 sept. 2017 7:06 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 29 sept. 2017 7:42 ]



El Castillo de los Condes de Flandes está en pleno centro de Gante...aunque por sus aires guerreros uno podría imaginárselo en medio de los bosques protegiendo un rocoso e intrincado territorio.

Es una contradicción que curiosamente ha estado siempre en el alma de este castillo. 

Desde sus inicios tuvo alma urbana, dominando el puerto de Gante... para mantener todo en orden... Sin embargo sus orígenes habían bebido muy lejos de ahí. Nada menos que en los campos de batalla de Las Cruzadas. 

Su "padre" fue Felipe de Alsacia, conde de Flandes, que en el año 1180 ordenó levantar justo aquí una fortaleza que debería seguir los planos de las que había admirado en  Tierra Santa... Felipe de Alsacia participó en dos Cruzadas... y de hecho murió en la segunda de ellas.


Esplendor y decadencia

Con ese aire de castillo de Las Cruzadas en el mismo corazón de una próspera ciudad flamenca, fue un gran castillo feudal en una época en la que el feudalismo vivió su esplendor... y el principio de su decadencia en estas tierras.

Ese carácter rudo y guerrero que había inspirado su nacimiento hizo que apenas 200 años después el castillo se hiciera viejo e incómodo, y los condes decidieron trasladarse al más lujoso Prinsenhof o Corte de los Príncipes, en una de cuyas letrinas nacería en el año 1500 el emperador Carlos V... pero esa es ya otra historia...

El viejo castillo había sido temido y odiado a partes iguales, pero acabó por venderse a un empresario que lo convirtió en una industria hilandera. Los nobles dejaron paso a los obreros en sus habitaciones... Con el tiempo ese negocio también se hizo viejo y el castillo fue abandonado. Fue el momento más delicado de su historia...


Un cierto sabor tan "sin tiempo"....

Sin embargo esos muros y esas almenas tenían algo de romántico... Y fue eso, el cariño que despertaba, lo que acabó por salvarle la vida. ¡La última de sus inevitables paradojas...!

En el siglo XX fue restaurado con cuidado. Hoy su interior conserva algunas piezas de museo, pero sobre todo conserva esas piedras, esos espacios... y ese sabor tan "sin tiempo" que le hacen vivir una segunda y esplendorosa juventud... a sus 800 años...