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El Jardín de los Espíritus

publicado a la‎(s)‎ 9 ene. 2015 1:33 por Tadeus Zimm

Durante el día es un delicioso rincón donde olvidarte del tiempo en pleno centro de Bruselas. Pero al caer la noche las puertas se cierran y las luces se encienden. Entonces aparecen los espíritus... y comienza la magia.



Hablamos de Le Petit Sablon, un pequeño parque junto a la iglesia del Sablon, que, como suele ocurrir en Bruselas, hay que aprender a saborear a sorbos pequeños. En él se rinde homenaje a dos ilustres nobles flamencos que perdieron la cabeza... literalmente... por oponerse al rey Felipe II de España. 

Probablemente nadie tuvo nunca la intención de hacer de este lugar nada sobrenatural. Pero es uno de esos sitios que tienen una fuerza tan especial que acaban por imponer su personalidad, se haga lo que se haga sobre ellos...

Durante siglos esto fue un cementerio... Y a veces estas cosas imprimen carácter

Incluso hubo un tiempo, cuando el cementerio quedó ya casi abandonado a su suerte, en el que las tumbas no eran ni demasiado cuidadas ni demasiado profundas, y los muertos acabaron por estar un poco demasiado cerca de los vivos...

Con el tiempo las cosas cambiaron. Hace casi 200 años el lugar se convirtió en un barrio elegante, y de aquellas antiguas tierras surgió un recoleto jardínEn la parte de honor, en bronce, las figuras de los heroicos nobles. Y a su alrededor, esculturas en piedra blanca de personajes notables de su época. El jardín fue rodeado con una reja que se cierra todas las noches, y las columnas que la sujetan se coronaron con figuras de bronce que representan los distintos gremios de la ciudad. Son pequeñas esculturas, todas diferentes, todas semejantes, como un ejército de gnomos juguetones que ejerciesen como guardianes del lugar.

Hoy, durante el día, es un lugar delicioso donde olvidarse del tiempo... Pero al caer la tarde casi todo se transforma... o tal vez adquiera su verdadero sentido... Las figuras de los condes Egmond y Hoorns se recortan, casi vivas, entre la vegetación, sobre su pedestal de grises y dorados, mientras las figuras que los escoltan se bañan con unas luces un tanto inmateriales que las hacen casi flotar en el ambiente... Entre medias luces y medias sombras... Como si los espíritus que desde siglos han poblado este lugar tuviesen su pequeño momento diario de vida... Un espectáculo tan íntimo como sobrecogedor... sólo para iniciados...