LA GUÍA DE GANTE. 3


El mercado del grano...
y el propio San Nicolás


La plaza del Mercado del Grano, justo a la espalda del puerto, es la otra cara la de historia. 

Aquí había viviendas y las casas de otros gremios que no necesitaban estar junto a los muelles. Pero sobre todo, estaba su iglesia, la iglesia de los burgueses: San Nicolás... ¿o tal vez la iglesia de Santa Claus?...






Éste era el corazón de la ciudad burguesa y hoy en la plaza aún se palpa esa vitalidad. Cerca del puerto pero alejada de sus ruidos y olores. En ella te vas a encontrar con la iglesia de San Nicolás, el patrón de los mercaderes, de los marinos y de los burgueses (de los "habitantes del burgo").

En el siglo XIII los gremios se habían hecho cada vez con más poder y ayudaron a pagar las obras de construcción del templo. Allí celebraban sus actos sociales y de culto, pero sobre todo era su forma de mostrar con orgullo el poder y la riqueza que habían conseguido.

Ésta era su iglesia y éste era el corazón de su mundo.

Las casas tienen ese sabor flamenco tan personal. Son de épocas muy diferentes, pero el conjunto tiene algo de especial. Al igual que en los muelles, cafés y restaurantes han tomado el relevo de las antiguas actividades. Pero eso mismo da a la plaza la vida que siempre tuvo, y hace que, como si fuera magia, cada una de las personas que pasa por ella se convierta en un personaje más de su apasionante historia.



La Casa de los Albañiles

La reina en esta "vida más allá de la vida" es la Casa de los Albañiles. Ya conoces su historia.

Fue construida en 1527 y se creía que había sido derribada hace mucho tiempo. Por eso se construyó la réplica de su fachada en el Graslei a partir de grabados antiguos. Pero la original apareció de repente en 1976 cuando estaba a punto de ser demolida junto con el edificio que la había estado ocultando durante muchísimo tiempo. Hoy la fachada está coronada con unas figuras que bailan sobre los escalones que la coronan, y que son actuales.




La iglesia de San Nicolás

La iglesia de San Nicolás desde fuera es muy llamativa, con esas pequeñas torres con sus tejados puntiagudos que le dan cierto aspecto de castillo de cuento. Y es que es una iglesia llena de recovecos, de historias con doble significado.

Si te fijas, la torre no es una torre al uso. No está en la fachada ni en un lateral; está en el centro mismo de la iglesia, en el crucero. Durante mucho tiempo fue usada como torre de vigilancia. Ya desde el principio tuvo esa doble personalidad, religiosa y ciudadana.


  


La iglesia es como si fuese un espejo de la propia vida de la ciudad, potente y orgullosa, pero con una larga y dura historia por sobrevivir. Hace ya 400 años aparecieron serios problemas de construcción. El terreno original era pantanoso y con los siglos ha ido desestabilizando toda la construcción.

El último programa de restauración comenzó hace más de 50 años y, como puedes ver cuando entras, aún queda trabajo por hacer. A la vista de una vida tan dura, casi parece premonitorio que el gremio que instaló su casa junto a los muros de la iglesia fuera precisamente el de los albañiles. Durante siglos no les faltó trabajo. 
La visita al interior no te va a dejar indiferente. Lo primero que te llamará la atención es que la iglesia está cortada en dos mitades como consecuencia de las obras de restauración. 

En la mitad por la que entras dominan los tonos grises y en la otra mitad (tras un muro que separa la iglesia en dos), no hay absolutamente nada y está pintada de una forma que te va a chocar.

La desnudez tiene una explicación. La iglesia fue saqueada durante las guerras de religión cuando los españoles gobernaban estas tierras (en 1566), y los iconoclastas destruyeron prácticamente toda la decoración interior. Más tarde la iglesia fue recubierta de una recargada decoración barroca que llegó a ocultar su estructura, y que felizmente acabó por ser retirada. 

El resultado es un interior absolutamente austero aunque, eso sí, inundado de luz gracias a los enormes ventanales. 



¿La iglesia de Santa Claus?

Antes de continuar el camino, no nos podemos ir de aquí sin hacer una referencia a un asunto que, aunque aparentemente no tiene nada que ver con nuestra historia, conviene que lo escuches porque si no lo conoces, vas a hacer algo que ya nunca más vas a olvidar. Y es que el alma de una ciudad se encuentra a veces en los lugares más insospechados...

Esta iglesia está dedicada a San Nicolás de Bari, que como ya sabes era protector de marinos y comerciantes. Pero, aunque no lo sepas, a este santo hoy también lo conoces con otro nombre mucho más popular: Santa Claus o Papá Noel.

No, no es una "boutade". El mito (o la tradición) de Santa Claus tiene su origen en estas tierras.

San Nicolás vivió hace casi 1700 años en lo que hoy es Turquía, y durante siglos fue muy venerado en los antiguos Países Bajos, tierra de comerciantes y marinos. Desde la Edad Media se le veneró también como protector de los niños, y se convirtió en tradición, en el día de su onomástica, entregar regalos a los más pequeños.

La tradición fue especialmente fuerte en Bélgica y Holanda, y ha llegado totalmente viva hasta hoy. Cada año San Nicolás sigue llegando puntual en la noche del 5 al 6 de diciembre para repartir regalos a los niños que han sido buenos durante el año. Justo un mes antes de la fiesta de los Reyes Magos.

El cambio de nombre se lo debemos a los vecinos holandeses, que se llevaron la tradición a América. Los holandeses fundaron la ciudad de Nueva York (al principio le pusieron el nombre de Nueva Amsterdam...). Y allí continuaron celebrando la fiesta de San Nicolás, o por decir mejor, Sinterklaas como se dice en holandés. La celebración arraigó pronto en el Nuevo Mundo, y de ahí, simplemente, de ese "Sinterklaas", derivó la palabra Santa Claus. Luego se "olvidó" de sus orígenes y vino Coca Cola a vestirlo con su abrigo y sus pantalones, pero ésa ya es otra historia...


Entra con otros ojos

Y ahora... no tengas reparo. Por un momento sé un poco niño y entra de nuevo en la iglesia, pero esta vez con otros ojos. Busca a Santa Claus. Te darás cuenta de que lo tenías ahí delante pero no supiste verlo. ¿Te sonríe desde lo alto del altar mayor? ¿Desde una pared?... 

¿A que ahora esta misma iglesia tiene algo especial? Sumérgete en esa decoración tan absolutamente única. 

Seguro que ya nunca olvidarás el día que fuiste a Gante a visitar la iglesia de Santa Claus, ¿verdad?... Bueno, pues mejor no lo cuentes. Tal vez sea mejor que recuperes la compostura y vuelvas a ser sensato... No se lo digas a nadie... y guarda el secreto. Quizás esté mal visto...

Por cierto, y para no dejar el asunto a medias, deberás saber que en la fiesta de San Nicolás, tal como se celebra hoy en día, el santo vive en España y desde allí viene todos los años. Viene en barco, cargado con los regalos y con naranjas. Va vestido con ropas de obispo de color rojo y tiene una larga barba y melenas blancas. Para entregar los regalos sobrevuela los tejados en su caballo blanco ayudado por unos pajes ataviados con unos llamativos vestidos. Y para celebrar su llegada, los días antes de San Nicolás las calles de Bélgica y Holanda organizan cabalgatas. Si visitas Gante a partir de finales de noviembre, mira bien porque tal vez de cruces por las calles con el verdadero Santa Claus...

El telón desciende lentamente. El Acto I ha llegado a su fin.


Mapa del recorrido


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El Mercado del Grano (Korenmarkt) y la Iglesia de San Nicolás (Sint-Niklaaskerk)

Para ir desde los muelles hasta la plaza del Mercado del Grano (Korenmarkt) y la Iglesia de San Nicolás (Sint-Niklaaskerk) colócate en el puente que une ambos muelles y y toma la calle Hooiaard. 

En un par de minutos estarás en la plaza.



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