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Amsterdam. Un buen día a principios de marzo

publicado a la‎(s)‎ 4 mar. 2016 9:49 por Tadeus Zimm


Y de repente sale el sol... Como si fuese la cosa más natural del mundo, en la orilla de un canal brota la terraza de un bar y las mesas se llenan de gente. Un vino, una cerveza, un café... No importa. Por delante pasa uno de esos pequeños barcos acristalados que te permiten vivir la ciudad desde el agua. Por los puentes, las imprescindibles bicicletas... Es Amsterdam y estamos a primeros de marzo...

Los holandeses tienen un enorme aprecio por los placeres sencillos de la vida. No suelen hacer alarde de ello. Simplemente lo ponen en práctica. Pero lo más fascinante de todo es que cuando uno visita Amsterdam se acaba convirtiendo en un habitante más de la ciudad. Hasta el punto de que no puedes distinguir quiénes son sus habitantes y quiénes sus visitantes. Como si en el fondo esta ciudad existiese simplemente para convivir...

Caminar sin rumbo por las orillas de los canales es una experiencia que no puedes repetir prácticamente en ningún otro lugar. Por las casas, sí, pero también por las tiendas, por una cantidad enorme de pequeñas tiendas, casi de cuento en las que puedes encontrar los objetos más insospechados, y por sus cafés, y  por sus rincones...

Cuando estás en Amsterdam a primeros de marzo y el sol te acaricia la cara te das cuenta de lo que es el gusto por la vida...