El blog. La historia de los viernes


Aprende a mirar con otros ojos... y descubre el alma de los sitios

Tú me crees la marea, y yo soy el diluvio...

publicado a la‎(s)‎ 12 ene. 2018 4:41 por Tadeus Zimm




Esto es Vianden, uno de esos rincones de Europa que te cuentan una historia con solo mirarlos. Ni siquiera los buscas. Vas por la carretera, tomas una curva y ahí aparece, escondido entre montañas, con su castillo imponente dominando en lo alto y una villa que se esconde a sus pies, serpenteando entre la roca y el río... 

Hoy, el sol de enero camufla con verdadero arte los varios grados bajo cero que hay en este momento. Porque en estas tierras del centro de Europa, enero, mañana y sol son sinónimo de frío, de mucho frío.

Y es que, sí, hoy estamos en el centro de Europa. En uno de esos lugares que uno llega a olvidar que existen... En Luxemburgo, muy cerca de la frontera con Alemania. Un rincón que sale a tu encuentro para contarte su pasado medieval, la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial... y que aquí pasó dos meses y medio Victor Hugo. 

Fue en uno de sus exilios, en 1871, el turbulento año de La Comuna de París. Y a pesar de no haber sido mucho tiempo, hoy su huella sigue viva en estas calles. Y es que aquellas no fueron semanas de depresión ni de huida. En esos momentos Victor Hugo estaba escribiendo su poema El año terrible, y meses después lo publicaria... de vuelta a Francia...

"Tú me crees la marea, y yo soy el diluvio" (Tu me crois la marée, et je suis le déluge).

Recordar el magnífico y sugerente verso final de aquel poema es el gran regalo que nos ha ofrecido hoy esta carretera, esta castillo, esta villa, este sol de invierno... y este extraño lugar que es Luxemburgo...




Dejar que anochezca en la ciudad más pequeña del mundo...

publicado a la‎(s)‎ 5 ene. 2018 2:48 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 5 ene. 2018 4:01 ]



Durbuy está en el corazón de Las Ardenas belgas, y presume con orgullo de ser "la ciudad más pequeña del mundo". Sin embargo, aunque es ciudad desde hace casi 700 años, crecer no ha crecido mucho... Tampoco le ha hecho la menor falta...

Tiene todo el aire de un pequeño pueblo escondido entre montañas. Y sin embargo técnicamente ni es pequeño ni está entre altas montañas... aunque realmente lo parece. Pocos lugares hay en el mundo que sepan sacar tan buen partido del paisaje en el que están sumergidos.

Y es que parece un lugar diseñado para engañar a los sentidos... o tal vez mejor, para disfrutar dejando que los sentidos jueguen a engañarte...

Dejar que anochezca aquí es caminar sin rumbo entre dos luces por calles como esta, dejando que la oscuridad te vaya poco a poco sumergiendo, para recogerte luego en un pequeño hotel mientras dejas que alguien te cuente las leyendas de la zona... Y dejar que el tiempo no avance...



El hombre de negro

publicado a la‎(s)‎ 29 dic. 2017 6:33 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 29 dic. 2017 6:50 ]



Aparece por la calle de la izquierda y entra en el puente. Justo antes de llegar a la mitad se para. Mira hacia el agua, se gira, me observa desde lo lejos, reemprende su camino... pero se para de nuevo. Me vuelve a mirar, da media vuelta y regresa hacia la calle de la que había venido. Sin embargo, antes de llegar se da la vuelta una vez más, mira de nuevo el agua, me vuelve a mirar... Me voy.

Un momento después regreso y el hombre de negro ya no está. No lo vuelvo a ver.

Lo más probable es que el buen hombre fuera a comprar el pan y al llegar al puente se dio cuenta de que había olvidado las llaves... O tal vez fuera cierto que tenía algo muy especial que esconder y se hubiera sentido sorprendido... ¿Quién sabe? Cosas de Brujas, la ciudad de las historias. Bastan un hombre, un abrigo y una boina negras y un puente...




1614. Cuando las paredes hablan...

publicado a la‎(s)‎ 22 dic. 2017 9:47 por Tadeus Zimm



Brujas. Puente sobre el Muelle Verde y entrada al Callejón del Asno Ciego. Es un lugar cargado de historias, pero hoy nos vamos a fijar en un detalle curioso que suele pasar desapercibido. Si te fijas bien, en la fachada del edificio de la izquierda se pueden leer unas cifras: 1614. Es el año de su construcción. Pero no están ahí simplemente como un elemento conmemorativo. La verdadera razón de ser de esas cifras es que la casa no se caiga. 

Esos números son en realidad unas piezas metálicas que forman parte de la estructura del edificio. A cada una de esas piezas está enganchado un tirante de hierro que recorre la casa de lado a lado, hasta la fachada del lado opuesto. Allí hay unas piezas más o menos similares donde se engancha el otro extremo del tirante, de forma que quede fuertemente tensado y sujete la estructura de la casa.

Normalmente esas piezas tienen una sencilla forma vertical, como se puede ver en el piso de arriba de ese mismo edificio, o en el edificio de la derecha. Pero otras veces se aprovecha y se les da valor añadido. El nombre técnico de estas piezas es "placa de anclaje"... y aquí son una ocasión perfecta para recordar que las paredes hablan... Simplemente hay que saber mirar...


Esta semana ha nevado en Amsterdam

publicado a la‎(s)‎ 15 dic. 2017 4:52 por Tadeus Zimm



Esta semana ha nevado en Amsterdam. Y cuando eso ocurre, en sus viejos canales hay un noséqué de cuento de Navidad. Serán las bicicletas cubiertas de blanco, las ramas de los árboles como pintadas una a una, las pisadas en la acera o un punto más de silencio en las calles. Hasta el cielo, completamente blanco... 

Luego, de golpe, la cruda realidad. Ese aviso de que el vuelo de regreso ha sido cancelado. ¡Ah, la nieve...! Llamadas, emails, colas... "quién me mandaría a mi...", y para colmo, alguna noche extra a la espera de un regreso al día siguiente...

Pero luego, la turbamulta y la congoja van y pasan... Y vencidos el desconcierto y el cabreo, ese "puntito" de aventura que le faltaba al viaje. Un selfie, y a disfrutar de ese tiempo extra concedido por los dioses.

Y es que esta semana ha nevado en Amsterdam...


Y de repente, el sol...

publicado a la‎(s)‎ 8 dic. 2017 10:27 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 8 dic. 2017 10:30 ]



Y de repente se abre el cielo y sale el sol. No importa que hace apenas un instante una enorme masa gris fuera la dueña absoluta del cielo y de las aguas. Han bastado unos minutos para que un gran claro azul impere en el cielo y los canales de llenen de reflejos... Como si la ciudad jugase a inventarse en ellos...

Ha ocurrido en un momento... y en un momento también va a terminar. Sin saber muy bien cómo ni por qué el cielo se vuelve a cubrir y una llovizna borra las imágenes de los canales, como si simplemente hubieran sido un cuadro pintado en el suelo. Como si ese instante si no hubiera existido... Por sí... existió... y estuvimos ahí para vivirlo...

Brujas, en diciembre...



El viejo roble de Liernu

publicado a la‎(s)‎ 1 dic. 2017 3:02 por Tadeus Zimm



¿Qué mejor manera de comenzar el mes de diciembre que compartir la historia de un viejo roble? Tiene más de 1.000 años y está en Liernu, un pueblo a 60 kilómetros de Bruselas, en Valonia, muy cerca de Namur. A pesar de su edad, aún brota de forma espectacular en primavera. Sin embargo, su estampa más venerable la alcanza al acercarse el invierno, cuando ya sin hojas, muestra toda su majestuosidad. Entonces, uno se siente tentado a situarse ante él y humildemente pedirle consejo...Como un viejo oráculo.

El viejo roble debió nacer allá por la época de Carlomagno, cuando también lo hacia la propia Europa. Es, pues, un europeo de pura cepa. Ya en la Edad Media, con cientos de años a su espalda, era un árbol respetable, el lugar elegido por el señor del lugar para impartir justicia. Allá por 1.800 ya era muy viejo y algunos quisieron echarlo abajo para ensanchar la carretera, pero el cariño de los lugareños consiguió salvarlo. Tal vez como recuerdo de aquellos tiempos, hoy se alza justo en un cruce de caminos.

Y es que no había llegado su hora. Aún le quedaba mucho por ver. Sin ir más lejos, las dos mayores guerras que ha conocido la Humanidad. Los alemanes invadieron estas tierras en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial y ambas veces acabaron por ser expulsados de ellas.

Hoy, ahí continúa... en un lugar cualquiera... con la mayor naturalidad... desde hace 1.000 años. Tres columnas de hierro le ayudan a sostener el peso de sus ramas... como tres bastones en los que apoyar su venerable sabiduría... No es un árbol. Es mucho...mucho más...



Canales de Brujas. Traca final antes del invierno

publicado a la‎(s)‎ 24 nov. 2017 6:07 por Tadeus Zimm   [ actualizado el 24 nov. 2017 6:12 ]



La explosión de colores de la primera quincena de noviembre es como la traca final que deja a los canales de Brujas preparados para el invierno. Desde mediados de mes cesan los paseos en barca, y los cisnes y los patos se adueñan de ellos. 

Y es que son precisamente esos días de noviembre los mejores para disfrutar de sus mil matices de luces, sombras y colores. Especialmente a la caída de la tarde de un día con algo de sol. Sus rayos ya apenas calientan pero esa luz pastel parece hecha a la medida de esta ciudad.

El Rozenhoedkaai (el Muelle del Rosario) es un buen lugar para disfrutar del espectáculo. En un momento, las hojas amarillas y rojas de los árboles parecen a punto de empezar a arder. Un instante después es el agua que devuelve brillos y luces. Al final, unas piedras que parece imposible que estén frías. Incluso, a veces, casi hipnotizados por el suave vaivén del agua, sentimos cómo los edificios parece como se se moviesen. mecidos por la corriente.

En apenas un par de semanas la neblina invernal lo cubrirá todo... Pero ésa ya es otra historia... y también merecerá ser vivida...





Al museo en bici

publicado a la‎(s)‎ 17 nov. 2017 8:46 por Tadeus Zimm



Ésta es la entrada principal al Rijkmuseum. Es el principal museo de Amsterdam. Y tiene la peculiaridad de que se puede atravesar en bicicleta... Es más, ésta fue una condición absolutamente innegociable en las obras de restauración que se han hecho a lo largo de los últimos años. Hasta el punto de que esta exigencia obligó a parar durante meses las obras.

Finalmente se encontró la forma de arreglarlo y, tal como se ve en la imagen, la entrada principal al museo la forman cuatro calzadas: las dos centrales para bicicletas y las dos de los extremos para peatones. Desde esas calzadas se accede a las taquillas y demás servicios del museo. Y por supuesto, se sale de nuevo hacia el exterior por el otro extremo, una vez atravesado el museo de lado a lado.

Y es que la bicicleta es la verdadera reina de Amsterdam. No importan la lluvia ni el frío. Y eso que aquí suelen ser importantes. En la ciudad hay más bicicletas que habitantes y, sin lugar a dudas, el automóvil juega un papel absolutamente secundario. No es que haya carriles-bici, es que la ciudad está hecha para que ellas -y por supuesto, los tranvías- sean los vehículos naturales para ir de un lugar a otro.

Es la curiosa realidad de uno de los países más avanzados y ricos de Europa...



La iglesia de Ana Frank

publicado a la‎(s)‎ 10 nov. 2017 6:07 por Tadeus Zimm



Se llama Westerkerk y está en Amsterdam. Justo al lado del canal Prinsengracht (el canal de los Príncipes). En su tiempo fue la iglesia protestante más grande del mundo y en ella fue enterrado Rembrandt, en una fosa común, tras morir en la miseria. 

Pero si hoy nos acordamos de ella es porque también fue "la iglesia de Ana Frank". Está muy cerca de la casa en la que vivió la angustiosa experiencia que narró en su diario. Y según contó en él, en los años que vivió escondida en la casa, ese campanario era la única porción del mundo exterior que alcanzaba a ver desde el ático. Y el sonido de sus campanas se convirtió en un pequeño consuelo en su vida de miedo y reclusión.

Hoy, esas campanas siguen repicando.



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