GUÍA DE SEGOVIA 


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10  La reina del juego



¡Aquí está! Aunque casi nunca has estado cerca, la Catedral es el edificio que más veces has visto hasta ahora. Sobre los tejados, en el rincón de una calle, entre los arcos del Acueducto... Siempre ahí... Pero no vigilante como un “Gran hermano”, sino con un guiño cómplice... como para asegurar que todo va bien... Ella es la Reina del Juego... 

Esta reina, sin embargo, llegó a Segovia cuando la fiesta estaba a punto de terminar, y no estuvo presente en casi ninguno de los acontecimientos que has conocido hasta ahora. Se levantó por orden del emperador Carlos V para sustituir a la anterior que él mismo había ordenado derribar tras los destrozos que había sufrido durante la Guerra de las Comunidades.

El inicio de las obras fue un momento de euforia y autoestima para los habitantes de Segovia que por aquel entonces vivían el esplendor de su industria lanera. Era el mes de mayo de 1525. Ellos mismos trasladaban piedras desde las ruinas de la vieja catedral hasta la nueva para aprovechar los materiales. La obra avanzaba rápido. 

Se había contratado al mejor arquitecto del momento, Gil de Hontañón, el mismo que a algo más de 30 leguas estaba levantando la Catedral de Salamanca.

En apenas 25 años se habían levantado las naves hasta el crucero, y la torre hasta el cuerpo de campanas. Entonces se levantó un muro provisional de ladrillo para aislar lo construido del resto de las obras, y en 1558 se celebraba la primera misa.

Iba a ser la más grande... y la más bella... Un edificio a la altura del papel que había representado Segovia.


... Demasiado tarde...

Sin embargo, todo esto llegaba demasiado tarde... La catedral de Segovia había sido diseñada como catedral gótica en una época en la que ya no se construían catedrales góticas... Y había sido hecha para albergar grandes acontecimientos cuando los grandes acontecimientos ya habían dejado de ocurrir en Segovia...  

Según crecían sus muros, la riqueza de la ciudad se iba apagando. No fue de golpe. Fue un proceso lento pero irremediable. El negocio de la lana fue languideciendo, el poder abandonó definitivamente Segovia y la ciudad poco a poco fue entrando en un lento sopor que durante siglos la iba apartar del curso de la Historia... 

A 2.000 kilómetros de distancia su “hermana”, la ciudad flamenca de Brujas, estaba viviendo un “encantamiento” similar. No es que ambas ciudades quedasen al margen del tiempo. Es que el tiempo comenzó a pasar en ellas de una forma especial... protegiéndolas...


Así fue como, paso a paso, la Catedral continuó su proceso. Lentamente, pero sin perder un ápice de su grandeza. Cien años después se derribaba el muro provisional y la cúpula cerraba el crucero. Luego, las últimas capillas, hasta que un buen día finalizaron las obras.

Había llegado tarde y luego le costó encontrar su sitio, pero al final la reina del juego pudo mostrar su esplendor. Y es que a fin de cuentas esta Catedral sabe reflejar como pocas el alma de esta ciudad. Con mil caras... y siempre con una segunda lectura. Sobria pero sensual. Cargada de historias y de sensaciones... y desde luego, profundamente teatral.


Sorpréndela

Después de tanto tiempo sorprendiéndote, juega ahora tú a sorprenderla a ella. Acércate con sigilo... por donde menos te espera... Por la fachada principal... Y es que, en la Catedral de Segovia la fachada principal no es lo mismo que la puerta principal... 

Lo primero que tal vez te llame la atención es que esta fachada se encuentra en una especie de tierra de nadie. Una explanada elevada (el enlosado) que más que acoger, más bien acaba por aislarla de cuanto la rodea.

En parte es cierto. Y de hecho fue una obra que no se terminó hasta el mismo siglo XIX. Pero hay que reconocer que el endiablado desnivel en el que se encuentra nunca puso las cosas fáciles...


Sin embargo, en su tiempo fue una auténtica novedad. Durante la Edad Media las catedrales estaban literalmente pegadas a las casas que las rodeaban. Los espacios que solemos ver hoy delante de ellas no son sino derribos masivos realizados siglos después para darles perspectiva.

Aquí no, aquí el espacio vino “de serie”. Y ya en el mismo momento en que se construían las naves se derribaron las humildes casas que tenía delante para liberar espacio a su alrededor. La catedral no eran solo fachadas y columnas. También era cosa del urbanismo que la rodeaba. Un primer detalle que indica que tal vez el templo no había nacido tan medieval como parecía... Y no será el último...

Porque con la catedral de Segovia ocurre algo muy curioso. Si desde el principio hubo algo claro fue que había que mantener el espíritu de los planos y las ideas de Gil de Hontañón. Y durante todo el tiempo que duraron las obras esto se convirtió en una verdad absoluta. Gracias a ello la Catedral tiene la coherencia que tiene

Pero el “espíritu de los tiempos” acabó encontrando la manera de colarse sin desentonar...

¿El secreto? La letra y la música... En la Catedral la letra es gótica, medieval... pero la música es la del Renacimiento... Las columnas, las bóvedas y los adornos son medievales, pero el ritmo, las proporciones y las cúpulas son renacentistas. El resultado, impagable. Descúbrelo.


La fachada principal

Sobre el enlosado, pues, la fachada y, a su lado, la torre. La espléndida torre, que llegó a ser en su origen todavía 20 metros más alta de lo que ves hoy. No había en toda España una torre tan alta. Estaba rematada por una enorme aguja, un tejado puntiagudo con estructura de caoba y plomo... al que literalmente lo partió un rayo.

Fue en 1614... Un enorme incendio acabó con la parte alta de la torre... Afortunadamente, la catedral estaba en plena construcción y las reparaciones no duraron mucho tiempo. Eso si, cuando se reconstruyó, se le dio un remate más prudente... y de paso mucho más renacentista que gótico... Una discreta cúpula de “media naranja”, construida con la misma piedra dorada que el resto de la torre, y que muchos años después iba a servir como referencia para elevar la gran cúpula del crucero.

La fachada en cambio es la original... Tal vez demasiado la original... De ella se ha dicho que es serena, elegante, austera, de sobria majestad... Sin ninguna duda... Segovia no ha sido nunca una ciudad de adornos gratuitos...

Pero cuando uno se sienta a observarla no puede evitar una cierta sensación como si estuviese... un poco... digamos... sin terminar... 

La fachada fue lo primero que se construyó (porque el templo se comenzó a construir por aquí) y según avanzaban las obras el foco de atención se fue poniendo en lo que faltaba por hacer. El crucero, el nuevo remate de la torre, la cúpula, la cabecera, la fachada posterior... 

Los años iban pasando, el dinero iba menguando... y la fachada principal... simplemente... ya estaba hecha... Además, para entonces ya empezaba a estar claro que la verdadera entrada principal iba a ser otra...

Esta sensación de obra sin terminar hace que las arquerías que enmarcan las puertas de entrada sean una delicia. Como si un escrupuloso escultor hubiera tomado un boceto y sin más lo hubiera plasmado en piedra... 

Como si las puertas de la más grande de las catedrales góticas de España hubieran quedado eternamente esperando la llegada de los artistas que debieran decorarlas... Uno de esos detalles  -profundamente humanos- que hacen especial esta ciudad.

Interiores

El interior muestra otra cara de la Catedral. Tiene la entrada por una fachada posterior que, en la práctica, es la verdadera entrada principal del templo. Sin embargo, te pediría que no te fijes de momento en ella. Simplemente, entra.

Lo primero que te llame la atención probablemente sea el espacio. La construcción es asombrosa. Ligera, luminosa, delicada... Es aún más grande de lo que parece desde el exterior. Muy alta, muy ancha, muy amplia... un poco quizás demasiado amplia... 

En una ciudad acostumbrada a esas pequeñas y oscuras iglesias románicas en cada plaza, cuesta ver aquí un lugar para el recogimiento y la oración. Es más que evidente que fue concebido para las grandes ocasiones... 


Las tres catedrales

Pero en la ciudad de las dobles lecturas eso no iba a ser un problema. Si eres un poco observador, descubrirás un pequeño truco. Verás que hay hasta dos catedrales más dentro de la propia catedral, cada una de ellas dentro de la anterior, como si fueran muñecas rusas...

Fíjate en el centro de la nave principal. Verás el coro. Enfrente, el altar mayor, y entre ellos, una pequeña zona con bancos y un pasillo en medio. Cada uno de estos espacios está delimitado por verjas y hasta muros. Juntos forman una pequeña catedral en sí misma, perfectamente delimitada... como si se pudiera hacer una celebración en ella aunque no existiera el resto del templo...


Entra en el coro. La sillería de madera es la que había en la antigua Catedral. Se desmontó y se trajo hasta aquí. Y también guarda su pequeño secreto. Los dos primeros bancos (el primero de cada uno de los lados) estaban reservados a los reyes... pero no “a los reyes” en general, sino a Enrique IV y a Juana de Portugal... 

Observa los escudos. ¿Identificas los del Monasterio de San Antonio el Real?... Castilla y Portugal, de nuevo unidos, ahora en el corazón de la Catedral...

El pasillo que une el coro al altar mayor se llama la “via sacra”. Cuando la recorres vas pisando sobre lápidas...


Del otro lado de la via sacra está el altar mayor. Se suele conocer como “la capilla mayor”, porque a su vez también puede quedar aislado del resto del templo con una verja

Esto hace que llegado el caso pueda comportarse como una capilla más... O, ¿por qué no decirlo?, como una catedral en sí misma todavía más pequeña, casi íntima, dentro de su propio corazón...


El claustro... 

En el lateral opuesto al que has entrado está el acceso al claustro. Este claustro, igual que la sillería del coro, estaba también en la Catedral vieja y fue traído piedra a piedra hasta aquí. Gótico, ahora sí... 


Puro ambiente medieval, obra de Juan Guas, el gran arquitecto de la época de Enrique IV y de Isabel. Los juegos de la luz en sus arcadas son uno de esos deliciosos espectáculos que te reserva esta ciudad...


... Y la torre

De nuevo en el interior, encuentras el acceso a la torre. Un lugar al que se puede -y se debe- subir... si los 200 escalones no suponen una barrera...

Para ser rigurosos, esta debería ser la última etapa de esta historia. Y si tienes ocasión, hazlo así (si lo hablas previamente con la oficina de tickets te permitirán volver más tarde).

Arriba, a la sombra de las campanas, tendrás ocasión de reconocer desde lo alto los distintos escenarios que has estado recorriendo... Como en una maqueta, la propia ciudad convertida en el tablero del juego... 

Si no tienes ocasión de volver más tarde, sube ahora. Al menos reconocerás los que ya has visto...

Desde el centro mismo del tablero del juego, identifica las distintas casillas: el Acueducto, la torre de Arias Dávila, el Torreón de Lozoya, la Judería, su cementerio... El Alcázar, la Torre de Hércules, la iglesia de la Vera Cruz... Y los tejados, las montañas, los bosques, los campos de Castilla... 

Estás en la reina del juego...


La música y la letra

De nuevo en el suelo, es el momento de contemplar la auténtica fachada principal. La trasera. Ya en plena construcción, en 1613, el regidor Pedro de Aguilar hablaba de esta parte del templo como “lo mejor e mas publico e bistoso  que la dicha eglesia tiene”...

Abandona el templo por la puerta por la que entraste y ve a la Plaza Mayor para tomar un poco de perspectiva.

Frente a la sobria majestad de la fachada principal, esta es puro espectáculo. Una auténtica cascada de volúmenes. Desde lo más alto de la cúpula hasta el mismo suelo. 

Círculos y cuadrados, esferas y cubos se combinan en una de las fachadas más sorprendentes que puedas encontrar. 

Gótica por su estructura y por sus adornos, y renacentista por sus proporciones, por su ritmo...por su cúpula.

... Pero también por el urbanismo... Porque es una fachada para ser mirada justo desde aquí... A una cierta distancia, desde la Plaza Mayor es desde donde adquiere todo su sentido.

Hay además una circunstancia que la hace “redonda”, y es el hecho de que sea una fachada posterior

Estamos acostumbrados a ver fantásticas fachadas principales, pero es menos frecuente que la fachada que asuma todo el protagonismo sea la posterior. 

Esto la hace diferente. No entra dentro de los esquemas habituales... Tal vez por eso hipnotiza y a veces sorprende... Como tantas otras cosas en Segovia, llega antes al corazón que al cerebro... 


Hasta aquí hemos llegado

Habrás visto -cómo no- que todo este maravilloso conjunto, que ha sido capaz de conjugar estilos muy dispares en una obra equilibrada, tiene un elemento que desentona de manera innegable: el retablo de piedra gris que hay en la puerta. Desentona por la música, por la letra... y porque sí...

Porque aquí, la falta de sintonía fue perfectamente consciente... Y el “culpable” fue el segundo gran arquitecto de la catedral, Pedro de Brizuela. El mismo que había inventado la cúpula para rematar la torre tras el incendio.

Fue maestro de obras de la Catedral durante más de 30 años. Era un convencido militante de las nuevas formas artísticas que venían de la mano del Renacimiento y a él en buena parte se debe esa “música”que inunda la Catedral.

La solución de la torre había sido un éxito, pero sus propuestas vanguardistas tuvieron menos éxito cuando intentó hacer cambios en la estructura de las naves. La fuerza del proyecto era tal que tuvo que plegarse y respetar los “viejos usos”... afortunadamente...

Sin embargo en esta portada nadie le discutió su propuesta.  

La fachada de San Frutos, que ese es su nombre, utiliza una piedra gris de granito que rompe de forma descarada con los tonos dorados de la arenisca del resto del templo. 

Pero además su diseño se aparta de la “letra” gótica, y escribe un discurso hijo de su tiempo. Clásico, elegante, ligero... y hasta juguetón, con unas discretas curvas abiertas que combinan con la dureza de las líneas rectas y, como remate, un templete que se repite a si mismo, uno dentro de otro para albergar la estatua de San Frutos... como unas muñecas rusas... otra vez...

Fue una especie de “aquí sí” de alguien que sabía lo que era El Escorial y que, en la propia Segovia, había trabajado en la iglesia de los jesuitas, la más moderna de las iglesias de la ciudad (¿la recuerdas...? También de piedra gris, de cortantes líneas rectas y de inclemente simetría...).

Aquí, por diseño y por materiales, una firma de insolente modernidad... Una especie de “Pirámide del Louvre” del siglo XVII para la puerta principal...

Este no fue, sin embargo, el punto final de las obras de la Catedral. Toda la parte trasera que hoy asombra vista desde la Plaza Mayor es posterior a esa fachada. La concesión a los “nuevos tiempos” fue eso, una concesión, pero la culminación de la Catedral iba a seguir el espíritu original. “Con las cosas de comer no se juega”...

Todo un tema de conversación, para desarrollar en torno a una taza de café en uno de los establecimientos de ese universo paralelo que es la Plaza Mayor...


Continúa:  LLAVE 11.  Ese universo paralelo 

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