GUÍA DE SEGOVIA 


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3  El arte de leer en las paredes




La Segovia intramuros era el territorio de los nobles, del clero, de los judíos y del rey. Es un mundo que se expresa en las grandes historias pero también en los pequeños detalles. Por eso, si realmente quieres apreciar su verdadero sentido, antes debes aprender a leer en las paredes.


Después de la grandiosidad que has vivido con el Acueducto, lo que corresponde es entrar en ese mundo de puntillas y sorprender su intimidad por la puerta de atrás... 

Eso en definitiva es lo que acabas de hacer al traspasar la muralla por el Portillo del Consuelo, una pequeña “puerta de servicio” situada entre dos de las grandes puertas de la ciudad.

La Segovia intramuros no era un territorio homogéneo. Tenía varias zonas. Una para los nobles, otra para los judíos, otra para el clero y otra para el rey

Cada una tenía unos límites muy precisos, e incluso puertas que se cerraban por la noche y que las aislaban por completo.

La mayor de todas ella era ésta, lo que hoy se conoce como el Barrio de los Caballeros. Aquí vivían los nobles y los ricos comerciantes de lana. Unas calles y plazuelas llenas de palacios, de casas blasonadas y de iglesias

En realidad, más que un barrio era casi la suma de una pequeña multitud de pequeños barrios, de pequeños mundos que se organizaban alrededor de una iglesia parroquial. Por eso vas a ver en Segovia tantas iglesias románicas.


La Plaza Avendaño

Tu viaje comienza en uno de ellos. En la Plaza de Avendaño. Es la plaza tranquila que recibe y acoge al Acueducto. 

Un lugar por el que suelen pasar los turistas sin detenerse, y por eso mismo, un buen punto de partida para empezar a descifrar esta Segovia a la vez monumental e intimista

Esta casa que ves, justo donde termina el Acueducto, está ahí desde hace 900 años. Al principio era más simple y fue al final de la Edad Media cuando alcanzó la estructura que todavía conserva hoy.  

Su espléndida puerta románica te cuenta que estás ante una casa medieval, aunque esas grandes ventanas con balcones, añadidas siglos más tarde, lo disimulen un tanto.

Y es que aquí, los edificios antiguos no se tiraban, sino que iban evolucionando para adaptarse a los nuevos tiempos... o simplemente a la personalidad de sus inquilinos. 

Por eso hay en Segovia tantas casas medievales. Unas casas que a veces son auténticos tratados de Historia... o incluso de Psicología... 


Esas pequeñas calles...

A la derecha de la casa nace una de esas pequeñas calles en curva y cuesta, tan misteriosas como sugerentes. 

En apenas unos metros, unos altos muros, la entrada de un convento, grandes paredes sin ventanas llenas de desconchones... Todo un tratado de espíritu segoviano...

Vas a encontrar muros como estos en toda la ciudad. Aparentan ser viejos solares descuidados, pero no lo son. Casi siempre son tapias de jardines... o conventos, casi invisibles pero por todas partes en la ciudad...

Un indicio de ese mundo interior del que tanto hay en Segovia...

Y los desconchones... Bueno, los desconchones de las paredes son otra de las señas de identidad de la ciudad. 

Son las cicatrices que han dejado los siglos en los edificios. La ciudad está absolutamente repleta de ellas. Pero no hablan de decrepitud. Hablan de vida.



Algunas están aparentemente descuidadas. Otras, recién restauradas. Pero todas son evidentes, porque aquí las cicatrices no se ocultan. En ellas está el alma de la ciudad, y muchas veces son en sí mismas verdaderas obras de arte. Ya verás como no pasará mucho tiempo antes de que te sorprenderás a ti mismo fotografiando desconchones...

Más adelante tendrás ocasión de ver esta misma calle desde el otro lado. Recuérdala, porque luego no te parecerá la misma... Como casi todo en Segovia, es una calle con dos lecturas...


San Sebastián

Y al lado, la iglesia de San Sebastián, el corazón de este pequeño mundo. Tan pequeño, que termina casi donde comienza, justo donde está la iglesia.

El templo ha sufrido transformaciones a lo largo de su historia, algunas verdaderamente inclementes. Pero debajo de tanta máscara y de tanto presunto progreso, aquí y allá acaba apareciendo la esencia... En unas cornisas... en unos capiteles... en unos ábsides innegablemente románicos que son capaces de regalarte unas imágenes en las que uno estaría tentado a decir que incluso es capaz de oír sus sonidos...

Justo detrás de los ábsides de la iglesia de San Sebastián ves lo que parecen ser las torres de un robusto castillo medieval...Es la parte trasera de lo que se conoce como la Casa de las Cadenas, y es uno de los mayores palacios que construyeron los nobles en la ciudad...

No te extrañen esos aires de castillo. Muchas de las viviendas de los nobles segovianos eran auténticos castillos urbanos. Y es que en demasiadas ocasiones el enemigo venía de la propia ciudad... 


La Plaza del Conde de Cheste 

Si rodeas la Casa de las Cadenas llegarás a la Plaza del Conde de Cheste. Durante siglos fue uno de los lugares clave del poder segoviano. Media docena de palacios de familias nobles en torno a una iglesia. Hoy los palacios continúan; la iglesia no, aunque sí su recuerdo, porque ocupaba el pequeño espacio ajardinado que hay en la parte central de la plaza.


Durante toda la Edad Media, los nobles ocuparon un papel fundamental en la ciudad. Primero fueron los caballeros que ayudaron en la conquista de estas tierras a los árabes. 

Luego, cuando la guerra tomó definitivamente el camino del Sur, el enfrentamiento fue a menudo entre ellos mismos. Intrigas palaciegas y luchas de poder en el entorno del rey. 

Obtuvieron tierras y prebendas, y con el tiempo muchos llegaron a construir una gran riqueza con el negocio de la lana. 

El resultado fue una nobleza fuerte, orgullosa e inquieta... Y por supuesto, siempre fue necesario disponer de una vivienda a la altura de las aspiraciones de cada cual. 


La Casa de las Cadenas

Volviendo a nuestra historia, la Casa de las Cadenas es el prototipo de casi todo ello. Es grande, robusta, con grandes torres. 

Además, estaba incrustada en las murallas y literalmente formaba parte de la línea fortificada de la ciudad.


Si miras calle abajo verás que en la misma esquina de la casa la ciudad se abre y tienes una vista espectacular de los barrios extramuros y el Acueducto. 

Aquí están las murallas de la ciudad, y ese hueco es el punto donde estaba la Puerta de San Juan. Esta sí, una de las principales de la ciudad. La puerta fue derribada a finales del sigo XIX... por aquello del progreso...


Y es que, con el tiempo, las labores defensivas se fueron haciendo menos necesarias, lo que había permitido a la fortaleza ir adquiriendo esos aires de palacio que ves hoy, con ventanas más grandes, nuevas simetrías y adornos en las fachadas.

Precisamente uno de esos adornos es una de las grandes señas de identidad de Segovia: ese relieve delicado que recubre los muros. Es el esgrafiado, y lo vas a encontrar literalmente por todas partes en Segovia.

El ritmo y el concepto tienen un incontestable sabor árabe, pero no lo es. Empezó siendo más o menos simple (a base de circunferencias, que encontrarás en otras partes de la ciudad), pero luego fue evolucionando y se fue haciendo más y más complejo hasta formar verdaderos muros de encaje. Un complemento sorprendente para aquellos que vienen buscando una Segovia sobria y austera...


A lo largo de  sus muchos siglos de vida, la Casa de las Cadenas ha tenido huéspedes muy notables. En la “época dorada”, a finales del siglo XV, aquí vivía uno de los matrimonios más poderosos de la Castilla de Enrique e Isabel. Poderosos no por sus armas, sino por su influencia en los reyes. Él, Andrés Cabrera, era hombre de absoluta confianza de Enrique IV y luego de Isabel la Católica. Su esposa, Beatriz de Bobadilla, fue  probablemente la persona que tuvo la máxima confianza de la reina Isabel. Siempre estuvo cerca de ella, desde que era una niña hasta su muerte, momento en el que también estuvo a su lado.

Años más tarde la casa adquiriría tintes más sombríos porque en ella tuvo sus dependencias y sus calabozos la Inquisición. Si la miras bien, verás que no le faltaban méritos para ello...


Puertas y ventanas

En esta, como en todas las casas medievales, las ventanas originales eran mucho más pequeñas (en Segovia puedes entender mejor las cosas si aprendes a reducir ventanas y a quitar balcones...). Pero eso no significa en absoluto que se tratara de casas oscuras y sin ventilación. La luz y el aire venían “de dentro”. Porque el verdadero centro de la casa es el patio interior, del que salen todas las dependencias. 

Detrás de cada una de esas fachadas hay un pequeño mundo, seguro y más o menos confortable, al abrigo de las amenazas exteriores.


A ese patio central se entraba desde la calle. Pero normalmente no por su centro, sino por una de las esquinas, lo que resultaba más discreto y seguro. De ahí que en Segovia la puerta de entrada a las casas esté en uno de los lados de la fachada y no justo en el centro.

Mira los otros palacios que forman la plaza. Todos ellos esencia pura de este mundo. Mejor no tener detalles de cada uno por separado. Juega a entenderlos. Prueba a buscar en ellos sus orígenes medievales y descubre luego los añadidos que fueron incorporando los siglos. 


Disfruta de sus puertas... Guerreras unas y delicadas otras, pero nunca débiles (las rendijas verticales que todavía ves casi a ras de suelo en algunas de ellas son las saeteras, desde donde disparaban con ballesta a quienes estuvieran a punto de entrar). 

Prueba a asomarte por alguna de ellas, tal vez alcances a adivinar el patio interior. Y luego, los esgrafiados, las delicadas ventanas góticas, los escudos... Cada cual con su propia personalidad.

Estas piedras y estos ladrillos no hablan de estilos arquitectónicos ni de lenguajes artísticos. Hablan de rudeza, de delicadeza, de desconfianza, de orgullo, de pasiones... En definitiva, son fragmentos de vida...

Están a la vista de todos, pero son mudos para muchos... Como esperando encontrar unos ojos capaces de leer en las paredes...







Da una oportunidad a la magia...






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