LA GUÍA DE BRUJAS. 4


Begijnhof. La ciudad del silencio


El Beaterio de Brujas

El Beaterio (el Begijnhof) es un sitio sobrecogedor. Es una ciudad dentro de la ciudad. Aquí por encima de todo reina el silencio. Y así lleva siendo... desde hace 800 años. Hoy está declarado Patrimonio de la Humanidad.











Como has podido ver por lo que has recorrido hasta ahora, el Begijnhof tiene dos puertas. Puedes entrar (y salir) por cualquiera de ellas, pero yo siempre he preferido entrar por la pequeña fachada blanca que hay al final del puente en el Minnewater



Entrada al Beaterio de Brujas

Cuando la cruzas y entras en el gran patio central sientes que entras en el mundo del silencio. Déjate atrapar por él. Es un silencio especial, como si, después de 800 años, estuviese aquí más asentado que las propias piedras. El lugar cautiva. No se puede decir que tenga una arquitectura que destaque. Es el espacio en sí el que te atrapa.


Esa vieja tarjeta postal...

Cada vez que vengo me sigue impresionando leer aquella vieja tarjeta postal escrita aquí mismo hace más de cien años.

 
"No olvides tu promesa de escribirme con calma durante las vacaciones con el fin de recuperar el tiempo perdido..." Hoy el sitio sigue prácticamente igual que en esa imagen de 1906. Y esas líneas resuenan absolutamente vivas. Compruébalo por ti mismo. 

No importa las creencias de cada uno. De estas piedras y de estos arboles emana una energía que se puede sentir. Es una energía hecha a base de siglos, de historias y de silencio. Tómate tu tiempo y empápate.

¡Cuántas historias se esconden entre estos árboles...!


Un lugar poco convencional

Desde la Edad Media en estas casas han vivido unas mujeres nada convencionales. Eran mujeres de una cierta posición social que decidían vivir en comunidad para servir a Dios y hacer caridad, pero sin llegar a hacer votos. No era un procedimiento muy ordinario y nunca resultaron cómodas para la jerarquía eclesiástica.

En los tiempos medievales la mujer tenía un papel muy limitado en la sociedad. Prácticamente sus únicas opciones eran casarse o entrar en un convento. Y para complicar aún más las cosas, las Cruzadas se llevaban a decenas de miles de hombres a Tierra Santa y aquí quedaban sus esposas solas... junto con otras muchas jóvenes condenadas a no encontrar pareja. 

Había muchas mujeres y la sociedad no tenía sitio para ellas. Los beaterios fueron una salida.



La sombra de la sospecha

Los beaterios llegaron a ser muy populares en esta parte de Europa, y acabaron por despertar la preocupación de las autoridades religiosas, que veían en ellos un movimiento demasiado autónomo... Así que no tardaron en acusarlos de ser centros de herejía, cuando no simple y llanamente de brujería. Y sólo 70 años después de crearse este begijnof, el Papa prohibió el movimiento.

Sin embargo, en Flandes consiguieron librarse, gracias al apoyo de los condes, y a cambio de aceptar una cierta supervisión por parte de las autoridades eclesiásticas. Esto les permitió sobrevivir a lo largo de los siglos... hasta que en 1928 murió la última de las beguinas
.




Un mundo aparte

Hoy en el beaterio de Brujas viven religiosas pero sus puertas están abiertas durante el día (más o menos hasta las seis de la tarde). Es fácil recorrerlo. Una vez que entras, recorre (o mejor, saborea) el patio central y sal por el otro extremo.

Hazlo sin prisa. El Begijnhof, como otros sitios en Brujas, no sólo se disfruta con los ojos. Escucha... y siente.

El extremo opuesto es la parte más antigua del Begijnhof y tiene algún rincón con verdadero encanto. Allí encontrarás la puerta que dejamos a un lado cuando empezamos a visitar el Minnewater.

Puedes salir por ella o desandar lo andado. Pero no dejes de mirarla por fuera. Verás una inscripción que da fe de que estás en el Begijnhof, fundado por Margarita de Constantinopla en 1245.

Si Brujas es un mundo aparte del mundo, el Begijnhof es un mundo aparte de Brujas.





Mapa del recorrido








Mapa de Brujas 4

El Begijnhof (el Beaterio)

Al Beaterio puedes entrar y salir por cualquiera de sus dos puertas. 

Te recomiendo entrar por la puerta blanca que hay al final del pequeño puente en el Minnewater.

Te encontrarás un amplio jardín con hierba y árboles. 

Recórrelo libremente y sal por el otro extremo (o, si lo prefieres, por donde has entrado).

Esta otra puerta da justo a la casa-exclusa (es la puerta que viste antes cuando pasaste por aquí).



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INFO PRÁCTICA













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