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Un juego cómplice de seducción

publicado a la‎(s)‎ 9 feb. 2018 2:30 por Tadeus Zimm



Amsterdam es una ciudad de ventanas... De ventanas con luces rojas... sí... pero por encima de todo, de ventanas sin más... De grandes ventanas sin más. 

Son ventanas construidas, no para mirarlas, sino para mirar desde ellas... Eso dicen... Muchas veces, sin cortinas, para hacer gala de ese viejo "no-tenemos-nada-que ocultar" en el que no puedes dejar de sentir un íntimo -y hasta perverso- exhibicionismo mal disimulado...

Como ocurre tantas veces en la vida, lo sugerido es mejor que lo explícito. Tal vez por eso resultan tan sugerentes desde la distancia. La promesa de mil y una historias... Una fruta tan exhibida como prohibida

Y tal vez por eso resulta tan fascinante recorrer los canales y observar las ventanas desde la orilla de enfrente. Intuir el interior sin acabar de verlo... Todo es posible en una ciudad abierta a casi todas las licencias.

Es un juego cómplice de seducción...  cuyas reglas debes asumir para hacer que funcione. El secreto es la imaginación... y sobre todo, la distancia. Nunca las mires de cerca. .  Sus habitantes se sentirán ofendidos... Pero sobre todo, evitarás descubrir que aquella íntima historia robada no era sino buen paisano en camiseta sentado en el sofá viendo la tele delante de una mesa con un hule de plástico y un brick de vaya usted a saber qué... 

Te lo habrás ganado...