LA GUÍA DE GANTE. 6


Orgullo y pasión. La Lonja de los Paños, el Ayuntamiento... y Carlos V








Las plazas que rodean el Belfort fueron testigo de lo mejor y de lo peor. Y tal vez por eso resuman perfectamente el alma de la ciudad.










Cuando salgas del Belfort fíjate en el edificio que hay al lado. El mismo por el que acabas de salir. Es la Lonja de los Paños; aquí venían los orgullosos tejedores a exponer y vender sus inigualables productos.
 
Y aquí venían mercaderes de todos los rincones de Europa para conocer de primera mano la maravilla de la que todo el mundo hablaba. Unos colores sorprendentes, un tejido de una finura como no se había conocido, y unas telas de tal tamaño que se podía confeccionar el atuendo más espectacular.

La venta de los paños había traído la riqueza a la ciudad. Y éste era su templo. Por eso le habían reservado el mejor lugar de la ciudad, junto al Belfort. Es difícil de imaginar un espacio más solemne para un mercado. Así mostraba la ciudad orgullosa todo su esplendor.

Por cierto, cuando tengas ocasión no dejes de ver los cuadros pintados por los pintores flamencos de la época. Son admirables en muchos sentidos y marcaron un hito en la historia de la pintura. Pero tenían tanta pasión por el detalle y tan absoluto dominio de la técnica, que son un medio fantástico para ver cómo eran estos tejidos. Te maravillarán.

Pero este esplendor no iba a durar eternamente. Y esta historia te la va a contar el Ayuntamiento.



El Ayuntamiento: dos caras que cambiaron el mundo

Camina hacia él. Verás que tiene dos caras, una gótica (en la parte más alejada del Belfort) y otra renacentista (junto a la plaza). Parecen dos edificios absolutamente independientes pero en realidad son las dos alas de un mismo edificio construidas con apenas 80 años de diferencia. 






El ala de la derecha habla de la Edad Media; está emparentada con el Belfort, con la Lonja de los Paños y, en definitiva, con toda la historia que hemos estado viviendo hasta ahora. El ala izquierda, en cambio, nos habla del comienzo del Renacimiento, del nacimiento de los grandes estados modernos

Terminaba el mundo de los nobles y las ciudades libres y comenzaba el de los todopoderosos reyes y emperadores. Los dos mundos cara a cara. Tan diferente el uno del otro...

Este cambio el Ayuntamiento lo vivió en su fachada... y los habitantes de Gante en sus propias carnes. El encargado de transmitir el "mensaje" fue el más ilustre de sus paisanos, el emperador Carlos V.

La cosa comenzó en 1537. Los habitantes de Gante se habían opuesto a pagar unos impuestos extraordinarios para sufragar una de las incontables guerras del emperador. No era ni mucho menos la primera vez en la historia que lo hacían. Pero ahora las cosas iban a ser diferentes.

Los gremios se sublevaron pero Carlos V llegó desde España con un ejército de 5.000 soldados. El emperador llegó el 24 de febrero de 1540, justo 40 años después del día en el que había nacido... en esta misma ciudad. Azares del destino... tal vez...



Sin piedad

El viaje no fue en balde. Para dejar las cosas claras, se instaló en el castillo de los condes y llevó a cabo una represión y una humillación sin precedentes en su propia ciudad natal.

Los líderes de la sublevación fueron decapitados delante del castillo (ya visitaremos el lugar más tarde)el principal edificio religioso de la ciudad (la abadía de su patrón, San Bavón) fue derribada para construir una impresionante fortaleza; se confiscaron las propiedades de los gremios y se suprimieron todos los derechos y libertades; la mítica campana Roeland, símbolo de sus libertades, fue descolgada, y como último acto de humillación, los miembros del Ayuntamiento, el decano de los tejedores y varios representantes de cada gremio (en total 500 hombres) fueron condenados a ir descalzos, vestidos con una simple camisa y con una soga al cuello desde las puertas de este Ayuntamiento hasta el castillo para pedir perdón al emperador. Y, por supuesto, pagaron los impuestos... y una fuerte multa adicional.



El orgullo en la derrota


Nunca nadie había sido tan duro con esta ciudad y nunca nadie volvería a serlo después. Tuvo que ser, curiosamente, un gantés el que lo hiciera.

Pero lo más sorprendente es que hoy en día los ganteses siguen celebrando esta procesión todos los años. Y han hecho de la soga un símbolo de la ciudad. Se llaman los Stroppendragers (los portadores de soga). Van en camisa y con la soga al cuello, pero no para pedir perdón, sino como máxima expresión de orgullo y de resistencia a la tiranía, venga de donde venga.

Gante vivió después unos tiempos difíciles, pero acabó encontrando la forma de adaptarse a los nuevos tiempos y seguir adelante. 

Como has visto, años después, nuevas generaciones de campanas Roeland ocuparon de nuevo el Belfort... y allí siguen. La última, en todo lo alto, y la anterior (aquella que se rompió en 1913), muy cerca, junto al ábside de la iglesia de San Nicolás.

Roeland lanza sus sonidos al aire mientras el telón desciende lentamente. El Acto II acaba de terminar.






Mapa del recorrido





Ya estás allí

La Lonja de los Paños es el edificio por el que has entrado al Belfort. 

El Ayuntamiento está a su espalda. Una de sus fachadas da a la plaza, frente a la nueva estructura cubierta que acaban de construir en la plaza; otra (la renacentista/gótica) da a la calle Belfortstraat y otra (la gótica) a Hoogpoort.

Cuando termines, vuelve al lateral del Belfort, en la plaza Sint-Baafsplein, frente a la Catedral. 







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