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La última "beguina" de Brujas

publicado a la‎(s)‎ 20 feb. 2015 2:26 por Tadeus Zimm



En 1928 moría la última de las "beguinas" del Beaterio de Brujas. Ponía fin a una historia de 700 años... que hoy, casi un siglo después... permanece viva.


El Beaterio (Begijnhof, en flamenco) había nacido en plena época de las Cruzadas para ofrecer un sitio en la sociedad a unas mujeres a las que la mentalidad medieval les negaba un papel. O casadas (...o viudas) o monjas. Pocas más opciones.

En los beaterios vivían mujeres que decidían libremente vivir en comunidad, sin tomar los votos, y dependiendo de ellas mismas. La solución nunca acabó de gustar a las jerarquías de la Iglesia que recelaban de estas comunidades de mujeres demasiado autónomas. Quisieron prohibirlos, y de hecho lo consiguieron en la mayor parte de los lugares, salvo en los antiguos Países Bajos y poco más. Incluso llegaron a acusarlas de brujería y consideraron estos lugares como poco menos que obra del mismísimo diablo que una vez más tentaba a las mujeres para acabar con el orden establecido...

Pero aquí contaron con el apoyo de los Condes de Flandes... a los que, dicho sea de paso, tampoco les gustaba demasiado que desde fuera les dijeran lo que tenían que hacer.

Así fue como lugares como éste se convirtieron en una especie de ciudades dentro de las ciudades donde durante cientos y cientos de años la vida se vivió de una forma especial... Así, hasta 1928. 

Y es que para entonces las cosas habían cambiado demasiado. Las mujeres tenían otro papel en la sociedad y otras vías para ejercer sus inquietudes. Los beaterios no parecían tener ya mucho sentido... En definitiva, buenas noticias.

Sin embargo, el Beaterio de Brujas no murió. Hoy su alma sigue viva...Y puedes comprobarlo por ti mismo. 

Casi al  mismo tiempo que la última de las beguinas moría, otras mujeres ocuparon estas casas, estos jardines y estos silencios. Fue una comunidad de monjas (ahora sí, monjas) benedictinas, que aún siguen hoy aquí. Sin embargo esto no es un convento. El Beaterio sigue abriendo sus puertas de la mañana a la noche a cuantos quieran vivir la experiencia. No se paga entrada y sólo hay una condición: respeto... y silencio.

Entonces se produce la magia. Entre estos árboles, en medio del silencio, el alma del Beaterio sigue viva. Sus nuevas inquilinas son dignas herederas de aquellas otras mujeres. Y si es mediodía, oirás la pequeña campaña de la capilla llamando a misa. Puedes asistir a ella. Verás a las monjas salir de las casas y dirigirse a la capilla por los caminos entre la hierba y los árboles. Luego, en el interior de la iglesia, los cánticos en medio del silencio te acabarán transportando, tal vez a otro tiempo... quién sabe si a otra dimensión.

... Una de esas pequeñas experiencias que te vuelven a descubrir la magia de viajar.