GUÍA DE SEGOVIA 


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9  La cara más agreste y misteriosa



El arroyo Clamores te enseña la cara más agreste y misteriosa de la ciudad. Es el segundo de sus ríos, un minúsculo arroyo que ha esculpido un profundo y sorprendente valle. En él, frente a la ciudad, se encuentra el cementerio de los judíos.

El recorrido comienza y termina en la Puerta de San Andrés. Este era el camino que hacían los judíos para ir a su cementerio... y el que siguieron -ya sin vuelta- cuando fueron expulsados de Castilla.

Aquí te vas a encontrar con unos paisajes diferentes. Casi impensables dentro de una ciudad. Por eso, antes de comenzarlo, una buena opción es subir a la propia puerta y hacer un pequeño recorrido por el camino de ronda de la muralla. Verás una panorámica de la judería y tendrás las primeras panorámicas del valle del arroyo Clamores. No hay duda de que te espera una Segovia distinta a la que has conocido hasta ahora.



Cuando bajes de nuevo a pie de calle, sal de la ciudad por la Puerta de San Andrés. Es magnífica. Una construcción de aires medievales y mudéjares, que si observas, no está colocada en el frente de la muralla, sino en un ángulo de 90 grados, como si estuviera de canto. 

No es un capricho. Es para defender mejor la entrada a la ciudad. Cualquiera que quisiera entrar por ella debía prepararse a recibir el ataque no solo desde lo alto de la puerta, sino desde la muralla que corre a su lado.

Esta salida te ofrece una buena vista de las murallas desde fuera de la ciudad. Parecidas y a la vez diferentes de cuando las has ido viendo en otros lugares. Aquí, con un punto casi delicado...

Pero la cosa cambia bruscamente si una vez que sales por la puerta giras a la derecha. Ahí te encuentras otra cara de la ciudad. Las murallas, casi inexpugnables, surgen del risco formado por el arroyo, y de repente parece como si todo resto de territorio urbano se hubiera esfumado

Es como si hubieras sido transportado a otro lugar y te acercases a la ciudad, tal vez desde los bosques... tal vez desde otro tiempo...





Toma el camino que desciende hacia el valle. Abajo, en el fondo, el lugar por donde transcurría el arroyo Clamores, hoy canalizado y subterráneo, pero también como tantas otras cosas aquí, no hace falta verlo para sentir su presencia. Su huella es innegable. Justo del otro lado del río, donde están los pinos, tienes el cementerio judío. Como mandaba la tradición, en una ladera fuera de la ciudad.  

Por el camino, antes de llegar, vas a descubrir otro de los secretos de esta ciudad. Abajo, junto al río, verás unas huertas. Son tan históricas como las piedras que has estado viendo. Durante la Edad Media aquí estaban las huertas donde se cultivaban las verduras y las hortalizas que se consumían en Segovia. 

Y en este espacio, siempre por fuera de las murallas y paralelo al curso del río, era donde vivía el pueblo llano, los agricultores, los artesanos, los moriscos... Si subes “río arriba” llegarás al Azoguejo. Era la otra Segovia, la que trabajaba y vivía ajena a las intrigas de la Corte, de los nobles y del clero... Hoy estas huertas siguen vivas... como tantas otras cosas en esta ciudad...


El cementerio de los judíos

Recorre unos metros río arriba (hacia la izquierda) y atraviesa el arroyo por el Puente de la Estrella. Luego, un camino de subida te dejará en la ladera, a las mismas puertas de lo que fue el cementerio. Una ladera hoy cubierta de pinos, desde la que se ve una de las más bellas... y tal vez más tristes vistas de Segovia...




Aquí enterraban a sus muertos
. Y aquí se congregaron en aquel verano de 1492 antes de partir para siempre. Para decir adiós a sus muertos y a su ciudad.

Y aquí, en este mismo prado, a aquellas personas se les planteó por última vez el fatal dilema: renunciar a su fe o partir. Algunos sucumbieron en el último momento y allí mismo fueron bautizados.  

Para aquellos que decidieron mantener su fe, este paisaje fue el último que vieron del que había sido su hogar y el hogar de sus antepasados. Cuando fueron a otras tierras se hicieron llamar sefardíes, que viene a ser algo así como “judíos españoles”, y mantuvieron  su identidad y su idioma allí donde fueron.

Hoy, más de 500 años después, sus descendientes mantienen viva esa identidad. Los sefardíes son hoy más de dos millones de personas repartidas por todo el mundo, que no olvidan que esta fue la tierra de sus antepasados. Tal vez te cruces con alguno de ellos en tu camino...

Una vez que hubieron partido, la reina Isabel declaró estos terrenos como ejido, un espacio público en el que no estaba permitido ni la agricultura ni el pastoreo. Cedió las lápidas de las tumbas al Monasterio del Parral para que se usasen como material de construcción. Pero los cuerpos quedaron aquí, en cuevas y en tumbas excavadas en la roca. 

Hoy puedes ver restos de ambas... Las tumbas con la cabeza hacia el Oeste, para que al resucitar el primer lugar hacia el que mirara el cuerpo fuera Oriente, Jerusalén. Las hay que sugieren la silueta de la cabeza y de los hombros... Alguna incluso habla de un niño...

Este lugar, sencillo y bellísimo a la vez, te invita a buscar un lugar donde sentarte, en la ladera, frente a la ciudad. 

Y tal vez te sientas tentado a revivir la última mirada de aquellas familias. Las casas de ladrillo y madera, más altas de lo normal, apiñadas delante y detrás de la muralla, incluso encaramadas sobre ella, las huertas, el siempre agreste valle del arrollo Clamores... la Catedral... No, la Catedral no estaba todavía. Faltaban algo más de 30 años para que empezase a construirse... precisamente, en parte sobre terrenos que habían dejado libres los que hubieron de partir..


El agreste valle del Clamores

Ahora deberías volver de nuevo a la ciudad. Pero esta historia no sería esta historia si antes no hicieses un nuevo -y breve- paréntesis. Porque desde aquí debes asomarte a una de las más sorprendentes y espectaculares caras que te reserva el valle del Clamores. Desde las “alturas” de la ladera, camina un poco hacia el Oeste, manteniéndote más o menos paralelo a la ciudad. Verás Segovia desde fuera, con perspectiva. 


El valle, la muralla, el Alcázar... Por fin vas a tener un primer encuentro con el Alcázar, y la vista va a ser espectacular... como ocurre desde casi cualquier posición que lo mires. Parece un castillo legendario de los bosques de Centroeuropa... Tómalo como un “tráiler” de lo que te queda por vivir.


Y ahora sí, toca regresar a la ciudad. Deshaz el camino andado y entra de nuevo por la Puerta de San Andrés. Te quedan unos pocos pasos para terminar tu recorrido por la judería. Pero aquí, en estos últimos metros, no debe haber más historias. Simplemente mira el mapa, respira, camina, apura el momento y déjate llevar por las emociones que acabas de vivir...



Continúa:  LLAVE 10.  La reina del juego 

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