GUÍA DE SEGOVIA 


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13  Tierra de Reyes



El Alcázar. Tierra de reyes... Aquí comenzó la historia de Segovia hace más de 2.000 años y aquí están los ecos de los grandes reyes de Castilla. Un lugar mítico, se mire desde donde se mire... 


Es uno de esos lugares “redondos”. Bello, espectacular desde cualquier punto desde el que lo mires (y hay muchos desde donde hacerlo), enclavado en un sitio que parece concebido a su medida. Pero es además un lugar cargado de historias. 

De historia reales y ¿por qué no decirlo?, de historias imaginadas, porque además de ser un lugar en el que se ha vivido mucho, es un espacio que tiene la virtud de despertar la ensoñación en cuantos lo visitan... Por los riscos sobre los que se asienta, por la vegetación que lo envuelve, por esa construcción de cuento de hadas...

 

En este lugar ya había una fortaleza hace más de 2.000 años. Y en época de los romanos éste era el punto final de aquella gran obra de ingeniería que es el Acueducto. Aquí, en un depósito terminaba el Acueducto subterráneo.

Durante siglos fue el palacio y la fortaleza de los reyes de Castilla. Luego, como la propia ciudad, fue cayendo en el olvido y hasta estuvo a punto de desaparecer hace 150 años a causa de un incendio que devastó buena parte de sus interiores.

Hoy, por dentro ha perdido un poco de su alma, pero su exterior y sus historias son tan intensas que lo convierten en uno de esos lugares que, una vez que los conoces, nunca más se olvidan.


Esa gran torre...

Cuando te acercas desde la ciudad, lo primero que te llama la atención es esa enorme torre en su frente. No es una torre cilíndrica como todas las demás que tiene a su alrededor. Tampoco es la típica torre de base cuadrada de cualquier castillo. 

Es casi una torre-pantalla, alta, ancha, robusta,  con enormes almenas... Defensiva y amenazante. Como un gigantesco muro. 

Una torre guerrera que, como ya sabes, no miraba hacia afuera, hacia un enemigo que viniese del exterior, sino hacia la propia ciudad... 

Y justo debajo de ella, un foso, el foso más espectacular que pudiera imaginarse, con un puente levadizo para salvarlo. Como si hubiera sido hecho por el golpe de hacha de un gigante... 

De hecho, una parte de las piedras con las que está hecha la torre están sacadas del propio foso. Un ingenioso procedimiento que hacía que cuanto más crecía hacia arriba la torre, más lo hacia el foso hacia abajo...

Esta torre y todo su aparato defensivo -ya sabes- estaban hechos para defenderse de aquello que tenían enfrente... en lo que hoy es un jardín... La Catedral. Aquella Catedral vieja que fue mandada derribar por Carlos V tras la Guerra de las Comunidades... 

Viéndola, uno puede imaginar el espectáculo que debían ser ambos colosos cara a cara... 

Hoy, delante de la entrada del Alcázar hay una explanada. Desde ella se ve, magnífica, la torre de la nueva Catedral... convenientemente en la distancia...



El rey astrónomo

A la derecha de la gran torre hay otra mucho más pequeña que te trae otra de las historias de este castillo casi de cuento. Tiene forma cilíndrica con su tejado puntiagudo. Desde la explanada de entrada al alcázar casi puedes tocarla con la mano. Es la que ves más a la derecha. 

Su nombre hace referencia a otro de los grandes reyes castellanos que habitaron este Alcázar, aunque su historia es completamente diferente. Hablamos de Alfonso X el Sabio, el rey astrónomo.

Hace más de 700 años, en las noches estrelladas, el rey subía a esta torre para estudiar el cielo. El rey Alfonso fue un gran mecenas de las artes y de las ciencias. 

Creó un equipo de intelectuales latinos, hebreos e islámicos y se dedicó a investigar el mundo que le rodeaba a partir del saber que habían creado los griegos. No mucho tiempo después esto habría sido considerado una auténtica herejía...

El rey era un gran aficionado al estudio del cielo y escribió 16 libros de carácter astronómico. El más importante, las Tablas Alfonsíes, unas tablas astronómicas en las que trabajó un equipo de más de 50 astrónomos, la mayoría de ellos judíos. 

El trabajo tuvo tal entidad que durante 300 años fueron de enseñanza obligatoria en las universidades de toda Europa, hasta que fueron sustituidas por las de Copérnico.

Hoy, en su honor, en la Luna existe un cráter de 119 kilómetros de diámetro llamado Alphonsus. Es un reconocimiento a su labor, no como rey, sino como astrónomo.


El Alcázar del tiempo

Hubo un momento, en el año 1383, en el que en el Alcázar de Segovia se decidió cambiar cómo se contaba el tiempo... Fue en las Cortes celebradas ese año, en las que el Rey Juan I de Castilla propuso que los años se contasen a partir del nacimiento de Cristo y abandonar el calendario que habían introducido los romanos. 

En aquel momento vivían en el año 1422 de la Era Hispanica, que iniciaba el cómputo del tiempo en la fecha de la pacificación total de Hispania por parte de los romanos.

Pues bien, el rey propuso que a partir de entonces el año1 fuese el del nacimiento de Cristo, y que cada año comenzase en el mismo día en el que se conmemoraba este hecho, es decir, el 25 de diciembre

Así se aprobó y así se empezó a hacer a partir del año siguiente, el 1384 de acuerdo con el nuevo calendario... 

Algún tiempo después se decidió volver a poner, como hacían los romanos, el inicio del año en el 1 de enero. Esto tal vez honraba un poco menos a Jesús pero resultaba más práctico...

Así pues, en Castilla el año que sucedió al 1422 fue “el año de Nuestro Señor de 1384”... ¿Dónde mejor que Segovia para acordar una cosa así?...



Esos tejados puntiagudos...

Hay un cuarto rey al que se recuerda desde el exterior del Alcázar, pero a diferencia de los anteriores, no es en un lugar concreto, sino en todo el palacio

Se trata de Felipe II, y su huella la encuentras en los tejados. En esos tejados puntiagudos de pizarra que tanto carácter dan a la construcción. 

Hoy sería impensable imaginarse el Alcázar sin ellos, pero en su origen, en línea con las costumbres castellanas, eran de ángulos menos acusados y realizados con tejas. 

La orden de Felipe II vino cuando el Alcázar ya empezaba a dormir el sueño de los siglos... 

Y al final resultó como darle ese elemento mágico que lo iba a hacer “redondo”. 

El rey, el más poderoso de su tiempo, en cuyos dominios “nunca se ponía el sol”, ordenó cambiar todos los tejados siguiendo el estilo de construcción que había visto “en el país de su padre”, el emperador Carlos V, en Flandes

Al igual que estaba haciendo en su gran obra arquitectónica a apenas unos kilómetros de aquí: El Escorial. De nuevo ecos de Flandes, de Brujas, de Gante, de Bruselas... en el corazón de Castilla.


... Y por supuesto, Enrique, Isabel, Fernando...

Y, por supuesto, el Alcázar de Segovia habla de Enrique IV, de Isabel de Castilla, de Fernando de Aragón... 

Enrique IV, aunque prefería su palacio del centro de la ciudad para vivir, ocupaba el Alcázar cuando era necesario. Sin embargo, quien sí pasó largas temporadas aquí durante el reinado de Enrique fue su hermana Isabel. No por gusto de ella, sino por imposición del propio Enrique. Siempre pensó que era mejor tenerla cerca...

Y finalmente aquí, en estos salones, se iba a producir un hecho que tal vez comenzó a cambiar la Historia.  De esa Historia de la que hemos ido tomando retazos aquí y allá desde el mismo comienzo de la nuestra, allá en el Monasterio de San Antonio el Real.

Fue aquí, entre estas paredes y junto a estas vistas aéreas de los campos de Castilla, donde en enero de 1475 Isabel y Fernando invitaron a un almuerzo al rey Enrique IV en señal de agradecimiento y respeto. 

Un fatídico almuerzo del que el rey se tuvo que retirar aquejado de un súbito malestar.

Aquel mal le acompañó hasta su muerte, unos meses después. Hay quien dice que el mal de Enrique era consecuencia de sus excesos con la comida. Otros, en cambio, defienden que simplemente fue envenenado. No sería el primero en esta historia... ni habría de ser el último...

El caso es que, como ya sabes, cansado y enfermo, el rey se retiró a Madrid y allí murió.

Apenas un día después, Isabel salía por esta misma puerta y se encaminó a lo que hoy es la Plaza Mayor y allí, delante de la puerta de la iglesia de San Miguel se autoproclamó reina de Castilla. El resto de la historia ya lo conoces. Esta era la última pieza del puzzle que ta faltaba.


Durante su reinado, los Reyes Católicos estuvieron varias veces en el Alcázar y, después de la muerte de Isabel, Fernando recibió entre estas paredes a Cristóbal Colón, que por entonces, después de sus viajes de descubrimiento, andaba defendiendo sus intereses... no siempre con éxito...


Interiores con vista

El interior del Alcázar llevó peor suerte que sus espectaculares exteriores. Tras siglos de esplendor, también los reyes se fueron de Segovia y el Alcázar empezó a llevar una vida azarosa, que culminó en 1862 cuando un enorme incendio destruyó sus tejados, sus techos de madera, sus muebles, sus decoraciones...

Poco a poco pudieron ir reconstruyéndose y hoy esos interiores ofrecen una idea de lo que pudieron ser. Algo fríos y desnudos, sí, pero entre estas paredes ocurrieron hechos tan importantes que sus ecos aún permanecen en los rincones.

A estas alturas no te costará poner lo que falta... No tendrás dificultad para recrear el ambiente refinado del mundo de Enrique IV. Techos de madera tallados por los mejores artesanos mudéjares. Esos mismos artesanos que encontraron tiempo para poner también en pie los techos de San Antonio el Real bajo los que comenzaba esta historia...

Y esas vistas... esas insuperables vistas desde los balcones, desde sus torres... Casi imposible no sentirse el dueño de mundo...



El sueño de Segovia

Durante el reinado de los Reyes Católicos Segovia desempeñó un papel importante y aún disfrutó de una época de esplendor económico gracias al negocio de la lana, pero poco a poco su llama se fue apagando y, como le ocurrió a su “hermana” ciudad de Brujas en las lejanas tierras de Flandes, quedó de alguna forma dormida en el tiempo. 

Como allí, nadie la destruyó... porque nadie tuvo la necesidad de hacerlo... Ni siquiera apenas el progreso lo hizo... Gracias a ello, la experiencia que has vivido ha sido posible.


El Alcázar suele ser el punto final de una visita a Segovia. Un final por todo lo alto, intenso, espectacular. Pero nuestra historia tiene un último recorrido, una última puerta y una última llave

Una puerta y una llave humildes, sencillas, pero que tal vez acaban por dar sentido a todo lo que has vivido. Una puerta, además, que ya has podido ver... al menos en la distancia... Una obra de los tiempos de Las Cruzadas que 800 años después, continúa casi como entonces. La iglesia de la Vera Cruz.



Sal del Alcázar y recorre la explanada que hay delante. Asómate al mirador que hay a la izquierda. Ya estuviste antes aquí. Es el mirador hacia los Campos de Castilla.

Ahí, abajo, casi en medio de la nada, puedes verla. Una pequeña iglesia de planta circular con una sencilla torre cuadrada. Ése va a ser, pues, el final de este viaje. ¿Te sorprende? Más te sorprenderá cuando llegues a ella.


Continúa:  LLAVE 14.  El final de un viaje iniciático

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